3 nov. 2010

poéticas andinas"de Mauro Mamani

He aquí un libro fresco como las aguas del mítico Lago Titicaca, donde se contempla cada día la ciudad de Puno. Un libro hecho especialmente, para los que no solo gustan deleitarse con la lectura de una selección de temas comentados, sobre la buena poesía puneña; si no que, los lectores tendrán la oportunidad de ingresar a un apasionante texto, lujosamente editado por el Instituto de Investigaciones Humanísticas -Facultad de Letras y Ciencias Humanas- de la UNMSM.; cuyo contenido abarca, artículos publicados en revistas de la especialidad o conferencias preparadas para congresos de literatura realizados en el curso del último lustro: manifiesta el autor de `POETICAS ANDINAS-PUNO. De tal manera, que tenemos frente a nosotros un conjunto de ensayos enclavados en el corpus de la poesía altiplánica...

Desde hoy se pone a la venta “El sueño del celta” y costará 69 soles

Un total de 20 mil ejemplares de “El sueño de celta”, la última obra literaria de Mario Vargas Llosa, se pondrá a la venta a partir de hoy a nivel nacional, según informaron fuentes cercanas de la editorial Alfaguara.

El libro costará 69 soles y se venderán en las librerías, autoservicios y tiendas por departamento en todo el Perú, los cuales se espera que se agoten en una semana. Mario Vargas Llosa presentará hoy su novela en Madrid, España.
“El sueño del celta” cuenta la historia del irlandés Roger Casement, cónsul británico en el Congo a inicios del siglo XX. Fue uno de los primeros europeos en denunciar los horrores del colonialismo con argumentos. De sus viajes al Congo Belga y a la Amazonía peruana quedaron dos informes memorables que conmocionaron a la sociedad de su tiempo, pues tras ellos se revelaba una verdad dolorosa: no era la barbarie africana ni amazónica la que volvía bárbaros a los civilizados europeos; eran ellos, en nombre del comercio, la civilización y el cristianismo, quienes cometían los actos más bárbaros.
Estos dos viajes y lo que allí vio cambiarían a Casement para siempre, haciéndole emprender otra travesía, en este caso intelectual, tanto o más devastadora. La que lo llevó a enfrentarse a una Inglaterra que admiraba y a militar activamente en la causa del nacionalismo irlandés. En plena I Guerra Mundial, viajó a Berlín para conspirar contra el Reino Unido y participó en el Alzamiento de Pascua de 1916, hecho que lo llevaría finalmente a prisión. Lee las primeras páginas "El sueño del celta"

10 oct. 2010

Ubaldo Zapana Quispe; Poeta Bilingüe presentará su obra “Sankayu Panqara”

El también docente de Educación Intercultural Bilingüe del ámbito de la Unidad de Gestión Educativa Local Chucuito – Juli, Ubaldo Zapana Quispe, señaló que la quinta edición de su obra denominada “Sankayu Panqara” que significa Castellano – Aymara, será presentada de manera oficial el próximo 13 de octubre en su tierra natal, Chucuito-Juli.

Señaló que el contenido de la obra está referida a fábulas, cuentos, poesías y adivinanzas que es propia de su creación por tener una identidad aymara, pues él nació en una comunidad al pie del cerro poderoso San Carlos Anuanuni Juli.
“He visto por conveniente realizar la presente creación literaria, porque Juli es considerado, capital de la nación aymara, pues en esa localidad se editó el primer diccionario aymara, por el Jesuita Ludovico Bertonio”, comentó.
El poeta afirmó que muchos políticos y profesionales investigadores aducen que al hablar el aymara es el retroceso e ignorancia, pues según él, más bien el profesional monolingüe es mediocre ya que se siente incapaz de dominar la lengua materna y es el primero en discriminar a las personas que hablan el aymara.
Invocó a las autoridades regionales y al Ministerio de Educación, que la enseñanza del idioma aymara debe ser obligatoria en las instituciones educativas, considerado como una asignatura en la currícula de estudio.

Escritores puneños saludan Nobel de Literatura concedido a Vargas Llosa

Escribe: VÍCTOR ORTEGA VARGAS
Feliciano Padilla, Juan Luis Cáceres Monroy y Juan Palao Berastain destacaron logro obtenido por literatura peruana.

Nobel obtenido por Mario Vargas Llosa enaltece a las letras peruanas en todo el mundo.
El Perú entero celebra el Premio Nobel de Literatura concedido al escritor peruano Mario Vargas Llosa, arequipeño de nacimiento, quien por muchos años esperaba lograr este galardón para el país.
Los funcionarios de la Academia Sueca dieron a conocer a Vargas Llosa la mañana de ayer como el flamante Premio Nobel de Literatura, que posiciona al Perú en la cúspide mundial de las letras humanas.
Diversas autoridades desde el Presidente de la República, Alan García Pérez, pasando por el cardenal Juan Luis Cipriani y connotadas figuras de la intelectualidad nacional han mostrado su alegría por el merecido reconocimiento a Vargas Llosa, de 74 años de edad.
En la ciudad de Puno, algunos connotados escritores y literatos mostraron su conformidad con este galardón obtenido por el escritor peruano que realza la literatura en el país, muchas veces venida a menos.
Para el escritor y docente universitario, Feliciano Padilla, el lauro obtenido por Vargas Llosa representa un reconocimiento mundial a la literatura peruana, como lo son otras a nivel mundial.
“El Premio Nobel es de gran importancia para el pueblo peruano, no será un indígena como yo ni un cholo, es un miembro de la sociedad nacional, criollo occidental y él es un compatriota nuestro y nosotros como puneños nos sentimos muy emocionados y orgullosos por que Mario Vargas Llosa trae el Premio Nobel para el Perú”, dijo.
Mientras tanto el docente universitario y profesor de literatura, Juan Luis Cáceres Monroy, dijo que el galardón obtenido por Vargas Llosa pone al país en un lugar central para la literatura y el mundo.
“Para mí es un significado trascendente, es una muestra que el Perú y toda su cultura y toda su grandeza que tiene se encuentran en el punto máximo, según lo que ha presentado los miembros del jurado da razones suficientes que muestra en el mundo, que la obra de Vargas Llosa merece este premio”, dijo.
Finalmente Juan Palao Berastain, investigador, escritor e historiador calificó como justo el reconocimiento a Vargas Llosa. “Es un justo reconocimiento a su labor como literato, la cantidad de obras que tiene y como analiza nuestra sociedad; creo que significa que los organizadores del Premio Noble han cambiado la tónica de clasificación, se está premiando a literatos reconocidos y de trascendencia”, comentó.

Poetas huancaneños ofrecerán recital de poesía en Arequipa

Este 14 de octubre, con motivo de otra edición más de los martes literarios que ofrece la Alianza Francesa de Arequipa, se llevará a cabo un recital de poesía y un diálogo con el público. En la actividad, Participarán los poetas huancaneños Julio Abelardo Luza Gironzini y Fernando Chuquipiunta Machaca. La cita será a las 19:30 p.m.
De esta manera, el celebrado poeta huancaneño Julio Abelardo Luza Gironzini, como buen alarife de las palabras, defenderá la creación poética andina desde su más genuina creación estética.
Gloria Mendoza Borda, miembro de la Alianza Francesa de Arequipa, sostuvo que, a través de esta actividad se pretende rendir un reconocimiento especial a la vida y obra de Julio Abelardo Luza por su noble contribución a la poesía puneña, la incesante búsqueda de la belleza profunda, la revolución filosófica y lingüística en su producción literaria.

26 sept. 2010

LANZAMIENTO DE “HIPOCAMPOS EN LA CIÉNAGA” DE FABIAN PATINHO

El inefable e inflable Fabián Patinho lanza su novela Hipocampos en la Ciénaga.

El martes 28 de septiembre a las 20:00 horas en el Aguijón Centro Cultural (Calama E5-17 y Reina Victoria, Quito).
El evento contará con la presentación de Malva Malabar y del grupo Sor Juana y las Trampas de la Fe. Entrada libre y cóctel de bienvenida.

En Huancané se realizó el II Coloquio Literario de Escritores

En la gobernación de Huancané, ayer se desarrolló el recital poético y la muestra pictórica del artista plástico Aurelio Medina Pacheco. Fue una jornada fabulosa e inolvidable, los participantes de la actividad cultural demostraron su talento en la poesía.

A este acto, se dieron cita distinguidas personalidades del mundo literario nacional e internacional como Boris Espezúa Salmón, Jorge Flórez Áybar, Carmen Luz Ayala Olazabal, José Luis Ayala, Gloria Mendoza Borda, José Paniagua Núñez, Jovin Valdez Peñaranda, Fidel Mendoza Paredes, Eddy Oliver Sayritupac y Felipe Sánchez Huanca.
“Este tipo de actividades es poco valorada por las autoridades locales, que raras veces apuestan por la cultura”, refirió Fernando Chuquipiunta, organizador del citado evento.
Además, señaló que no tuvo apoyo por parte de las autoridades de la municipalidad de Huancané, indicando que se hizo el esfuerzo necesario para llevar adelante el evento y de esa manera la población de esa provincia pueda valorar la cultura .

6 sept. 2010

Riccardo Badini presentó libro sobre Churata: Resurrección de los muertos

En una histórica presentación para la historia literaria de Puno, se presentó ayer, el libro Resurrección de los muertos, del padre de la escritura puneña, Gamaliel Churata, que estuvo por muchos años esperando el feliz encuentro con los lectores. Como marco presencial la intelectualidad y amantes culturales dieron la hora 7 en punto en las salas del Club Kuntur, mientras que la mesa estuvo servida por Juan Luis Cáceres Monroy, José Luis Ayala, Feliciano Padilla Chalco y como vino de Cerdeña, del corazón del mediterráneo, Riccardo Badini, feliz investigador que nos trajo las almas churatianas con la edición y nota crítica de la principal carta del menú: Resurrección de los muertos.

Libro de cerca a 700 páginas que nos acerca más al universo creativo en expansión de Churata. Después de varias vicisitudes para su publicación se logra, no sin antes como Riccardo lo señalara, “sobre todo al enorme apoyo que recibí de los hijos de Churata”, este libro es posible. Hoy, podemos seguir las huellas latentes del hombre puente. Los interesados en adquirir el libro lo pueden hacer en la oficina del CENDOC, calle Lima. A servirse del menú.
La voz de los otros, en la voz de Badini
“Churata ya tenía la percepción de unir dentro de una hoja varios códigos. Una actitud vanguardista de abarcar varias expresiones artísticas. Así como lo entendieron los orkopata, Churata impulsó en los integrantes del grupo, la pasión por la poesía en Alejandro Peralta; del cuento en Mateo Jaika; del teatro en lengua Quechua en Inocencio Mamani…”
“Al investigar a Churata me ha enseñado a hacer un vacio dentro de mí; es decir de desmoronar mi conocimiento lógico. Desmoronar mi conocimiento sobre los cuales se asienta toda la estructura de la crítica literaria que al fin de cuentas es una crítica occidental”
“De la Resurrección de los muertos, existen tres versiones, más o menos trabajadas. Había un trabajo posterior en los inéditos realizados por manos de Teófano, el segundo Teófano de Gamaliel Churata.”

18 ago. 2010

NUEVA EDICION DE LA REVISTA "OASIS" EN PUNO- N.-3

 AQUÍ UNA PEQUEÑA RAMA  DE LA REVISTA "OASIS"


DORMIDO

Estoy frente a varias mujeres en este bar. “dorado
azul”, donde las mujeres beben más que cualquier varón…
- Salud, Jaime; esta vez brindemos por la belleza de
ellas- me dice Carlos entre una emoción de alegría- salud Carlos,
de otras mesas las…también nos mostraban su vaso lleno de
trago con un gesto de brindis.
En otras mesas se observaba el baile de esa chica
semidesnuda que se movían como una sirena con aquellos
ritmos, en otras mesas ocurría lo mismo… en un rincón del bar,
en uno de esos sofás dos traviesas me mostraban el vaso
- vamos donde las traviesas sentenciaba Carlos.
Aun ellas no están ebrias, cuando estén ebrias iremos a
recogerlas Carlos- salud por ellas, salud Jaime, en alguna de
esas mesas ya los tocamientos en partes intimas se observaba,
esta vez las mujeres ponían la iniciativa será porque están sin
control digo, en algún rincón oscuro se escuchaba la bulla de las
mujeres que pronunciaban nombres “no, Ricardo no así no es la
figura no entra por ahí…” y esas voces se escuchaba con
gemido, en otras mesas las mujeres eran remangadas su mini
falda y quitados en el acto, en otras ya el consumo era total, en
eso observo que Carlos Malviz, ya se había quedado dormido y
en eso todos se sumaron al sexo, solo yo estoy libre en unos

EL HOMBRE QUE NO PUDO HACER NADA
(Para Chumbeke)
Una guapa de caderas… le pide a Adrián de las Torres, que
se sumara al placer. Al instante, el se le acerca “animado”, sin
embargo, solo le quedaba retirarse porque ya había
eyaculado…

Por: Ubaldo Quilla Mullisaca

3 ago. 2010

Alfredo Herrera Flores: En el mar de la lírica

Escribe: CAMILO H. SÁNCHEZ SERRUTO

Alfredo Herrera Flores (Lampa, Puno. 1965) poeta puneño y navegante perpetuo de la lírica vuelve al cordón umbilical de la prosa amorosa con Mar de la intensidad que será publicado este año. De vuelta por la tierra del origen de los orígenes, confirma una vez más que Puno sigue siendo una tierra de posibilidades infinitas. De maravilloso y enigmático paisaje, de mágico y subyugador lago.

Hablando de su poesía con Mar de la intensidad vuelve al verso lírico que trabajó con inusitado éxito y que le valió el premio Copé de Poesía de 1995. Con siete libros de poesía en su estante personal, volverá este año con dos libros más que publicará. Ahora, después de su navegar por el mar de varias ciudades está radicando en la ciudad del Cusco.
Siempre será reconfortante adentrarse por esa vena sublime y sin tropiezos que es su poesía. Desde Montaña de jade hasta este último libro, Alfredo continúa navegando, fiel y timón en mano y mirada infinita por los mares no del desasosiego como desde la otra orilla nos ofrece Fernando Pessoa; sino por un límpido mar infinito donde espera que lo reciba como a un puñado de flores.
Mar de la intensidad
En el mar del sur
hay lluvia de palabras,
canto incompleto.

Un paisaje se dibuja mar en el color de tus aguas mansas, un paisaje se diluye en el color de tus aguas violentas. El tiempo habita también tus aguas, paciente, con un poder oculto y silencioso, listo para aniquilar el sueño y atormentar a las criaturas con su capacidad de dejar huellas, marcas, arrugas. Es otra guerra, más letal, desgarrada, ciega y sin pausa, pero es la misma historia, mar. Y cada cita, cada encuentro, cada vez que el desamparo acecha, el tiempo vuelve, hacia el principio, o el final.
Todos tenemos heridas causadas por el tiempo. La muerte nos sigue los pasos. El mar es buena tumba. Ah sepultura, mar de la serenidad, acógeme como a un puñado de flores.
Nadie espera, salvo alguna palabra de despedida, una voz funeral, una humedad y el hastío. El mar nos acoge, libre, como en un sueño.
Cada palabra que se une al poema merece un canto. Hay un viejo y ciego vigía que las ordena, haciendo uso de un secreto y antiguo don. El sueño se precipita, denso y mudo, nosotros somos todo y ninguno, frecuentes, habitantes y herederos de la costumbre, el sueño es una hazaña que se celebra al alba, con el tenue sonido de las olas. Ah rumor de las olas.

27 jul. 2010

I I COLOQUIO LITERARIO CONVOCADO POR EL JOVEN POETA FERNANDO CHUQUIPIUNTA MACHACA-EN HUANCANÉ-PuNo-PeRú


Coloquio literario convocará a escritores chirihuanos en su tierra natal


Cinco reconocidos escritores de la provincia de Huancané, se congregarán por vez primera en esta localidad para ofrecer al pueblo chiriwano, el segundo coloquio literario denominado “Escritores huancaneños en el siglo XXI”, acontecimiento cultural a desarrollarse este 23 de septiembre, día de la juventud, que es promovido por el talentoso poeta Fernando Chuquipiunta Machaca.
Entre estas figuras emblemáticas se encuentran José Luis Ayala Olazábal, Fidel Mendoza Paredes, Gloria Mendoza Borda, Julio Aberlado Luza Gironzini y Fernando Chuquipiunta Machaca. Los escritores, además, ofrecerán conferencias magistrales y, en especial, recitarán en una variedad de géneros literarios, tales como: poesía, cuento, novela, respectivamente
El evento cultural es organizado por el joven poeta huancaneño Fernando Chuquipiunta Machaca, quien dijo que esta actividad tiene como propósito fundamental de analizar y revalorar los aportes de la literaria local, regional y nacional, tras manifestar que el punto principal para estas ocasiones culturales, es, sobre todo, la masiva participación de los ciudadanos en general.
Las líneas temáticas que se abordarán en este segundo coloquio literario están vinculadas prácticamente dentro de los cánones de la crítica literaria, en el cual debatirán punto por punto sobre la literatura escrita en Huancané. Asimismo, se efectuará un recital poético en honor al celebrado escritor huancaneño Julio Abelardo Luza, quien escribió el libro “Tambores Pluviales”.
Es menester señalar que el poeta chirihuano Fernando Chuquipiunta Machaca presentará en los próximos meses su nuevo libro de poemas llamado “Voz de los Silentes” en la ciudad de Lima, Arequipa, Cusco, Puno, entre otros

21 jul. 2010

Presentan poemario “Las Pálidas Palomas” en Puno

“Las Pálidas Palomas” es la denominación del poemario escrito por Edmundo Castillo Zaga, natural de la provincia de Chuchito – Juli. La obra se la dedicó a la población andina.
Señaló que su poesía ha sido antología mundial de 44 poetas de Luis Minguez “Orejanilla” publicada en España en el año 1981, además de Luis Felipe Soares, César Vallejo, entre otros.
Según el autor, “Las Pálidas Palomas”, constituyen un discurso poético, que puede ser reprochable por los lectores y críticos literarios. Además, este poemario no es un proyecto fantasioso para cristalizar ilusiones; sino una realidad, pues es evidente decir, que las mujeres son palomas mensajeras de la paz, metafóricamente.
Mencionó que “Las Pálidas Palomas”, ha sido publicada a través de un mimeógrafo artesanal, pero ahora está publicando la primera versión real que consta de 30 páginas, escrita en las localidades de Platería y Juli (Puno) y en la región Tacna.
Dijo que la publicación del poemario ya entró a la venta en Bolivia, pues en el Perú se realizará a partir de los próximos meses y el costo es de dos nuevos soles que se realizará en las ciudades principales.

16 jul. 2010

Recordando a Saramago. De cómo los personajes se convirtieron en maestros y el autor en su aprendiz. Discurso de aceptación del Premio Nobel 1998

El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer. Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del desmame eran vendidos a los vecinos de nuestra aldea de Azinhaga, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a la cama. Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable. Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando vueltas y vueltas a la gran rueda de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho del ganado. Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: "José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera". Había otras dos higueras, pero aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera. Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que significaba. En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la Vía Láctea, el camino de Santiago, como todavía le llamábamos en la aldea. Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba. Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, introducía en el relato: "¿Y después?" Tal vez repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas, quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas. En aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de toda la ciencia del mundo. Cuando, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre descalzo hasta los catorce años), todavía con pajas enredadas en el pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se encontraban las pocilgas, al lado de la casa. Mi abuela, ya en pie desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: "No hagas caso, en sueños no hay firmeza". Pensaba entonces que mi abuela, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras. Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, creía en los sueños. Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche, ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: "El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir". No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y última despedida, el consuelo de la belleza revelada. Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver.

Muchos años después, escribiendo por primera vez sobre éste mi abuelo Jerónimo y ésta mi abuela Josefa (me ha faltado decir que ella había sido, según cuantos la conocieron de joven, de una belleza inusual), tuve conciencia de que estaba transformando las personas comunes que habían sido en personajes literarios y que ésa era, probablemente, la manera de no olvidarlos, dibujando y volviendo a dibujar sus rostros con el lápiz siempre cambiante del recuerdo, coloreando e iluminando la monotonía de un cotidiano opaco y sin horizontes, como quien va recreando sobre el inestable mapa de la memoria, la irrealidad sobrenatural del país en que decidió pasar a vivir. La misma actitud de espíritu que, después de haber evocado la fascinante y enigmática figura de un cierto bisabuelo berebere, me llevaría a describir más o menos en estos términos un viejo retrato (hoy ya con casi ochenta años) donde mis padres aparecen. "Están los dos de pie, bellos y jóvenes, de frente ante el fotógrafo, mostrando en el rostro una expresión de solemne gravedad que es tal vez temor delante de la cámara, en el instante en que el objetivo va a fijar de uno y del otro la imagen que nunca más volverán a tener, porque el día siguiente será implacablemente otro día. Mi madre apoya el codo derecho en una alta columna y sostiene en la mano izquierda, caída a lo largo del cuerpo, una flor. Mi padre pasa el brazo por la espalda de mi madre y su mano callosa aparece sobre el hombro de ella como un ala. Ambos pisan tímidos una alfombra floreada. La tela que sirve de fondo postizo al retrato muestra unas difusas e incongruentes arquitecturas neoclásicas". Y terminaba: "Tendría que llegar el día en que contaría estas cosas. Nada de esto tiene importancia a no ser para mí. Un abuelo berebere, llegando del norte de África, otro abuelo pastor de cerdos, una abuela maravillosamente bella, unos padres graves y hermosos, una flor en un retrato ¿qué otra genealogía puede importarme? ¿en qué mejor árbol me apoyaría?"
Escribí estas palabras hace casi treinta años sin otra intención que no fuese reconstituir y registrar instantes de la vida de las personas que me engendraron y que estuvieron más cerca de mí, pensando que no necesitaría explicar nada más para que se supiese de dónde vengo y de qué materiales se hizo la persona que comencé siendo y ésta en que poco a poco me he convertido. Ahora descubro que estaba equivocado, la biología no determina todo y en cuanto a la genética, muy misteriosos habrán sido sus caminos para haber dado una vuelta tan larga. A mi árbol genealógico (perdóneseme la presunción de designarlo así, siendo tan menguada la sustancia de su savia) no le faltaban sólo algunas de aquellas ramas que el tiempo y los sucesivos encuentros de la vida van desgajando del tronco central. También le faltaba quien ayudase a sus raíces a penetrar hasta las capas subterráneas más profundas, quien apurase la consistencia y el sabor de sus frutos, quien ampliase y robusteciese su copa para hacer de ella abrigo de aves migratorias y amparo de nidos. Al pintar a mis padres y a mis abuelos con tintas de literatura, transformándolos de las simples personas de carne y hueso que habían sido, en personajes nuevamente y de otro modo constructores de mi vida, estaba, sin darme cuenta, trazando el camino por donde los personajes que habría de inventar, los otros, los efectivamente literarios, fabricarían y traerían los materiales y las herramientas que, finalmente, en lo bueno y en lo menos bueno, en lo bastante y en lo insuficiente, en lo ganado y en lo perdido, en aquello que es defecto pero también en aquello que es exceso, acabarían haciendo de mí la persona en que hoy me reconozco: creador de esos personajes y al mismo tiempo criatura de ellos. En cierto sentido se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido, sucesivamente, implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero que sin ellos no sería la persona que hoy soy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser.
Ahora soy capaz de ver con claridad quiénes fueron mis maestros de vida, los que más intensamente me enseñaron el duro oficio de vivir, esas decenas de personajes de novela y de teatro que en este momento veo desfilar ante mis ojos, esos hombres y esas mujeres, hechos de papel y de tinta, esa gente que yo creía que iba guiando de acuerdo con mis conveniencias de narrador y obedeciendo a mi voluntad de autor, como títeres articulados cuyas acciones no pudiesen tener más efecto en mí que el peso soportado y la tensión de los hilos con que los movía. De esos maestros el primero fue, sin duda, un mediocre pintor de retratos que designé simplemente por la letra H., protagonista de una historia a la que creo razonable llamar de doble iniciación (la de él, pero también, de algún modo, la del autor del libro, protagonista de una historia titulada "Manual de pintura y caligrafía", que me enseñó la honradez elemental de reconocer y acatar, sin resentimientos ni frustraciones, sus propios límites: sin poder ni ambicionar aventurarme más allá de mi pequeño terreno de cultivo, me quedaba la posibilidad de cavar hacia el fondo, hacia abajo, hacia las raíces. Las mías, pero también las del mundo, si podía permitirme una ambición tan desmedida. No me compete a mí, claro está, evaluar el mérito del resultado de los esfuerzos realizados, pero creo que es hoy patente que todo mi trabajo, de ahí para adelante, obedeció a ese propósito y a ese principio.
Vinieron después los hombres y las mujeres del Alentejo, aquella misma hermandad de condenados de la tierra a que pertenecieron mi abuelo Jerónimo y mi abuela Josefa, campesinos rudos obligados a alquilar la fuerza de los brazos a cambio de un salario y de condiciones de trabajo que sólo merecerían el nombre de infames. Cobrando por menos que nada una vida a la que los seres cultos y civilizados que nos preciamos de ser llamamos, según las ocasiones, preciosa, sagrada y sublime. Gente popular que conocí, engañada por una Iglesia tan cómplice como beneficiaria del poder del Estado y de los terratenientes latifundistas, gente permanentemente vigilada por la policía, gente, cuántas y cuántas veces, víctima inocente de las arbitrariedades de una justicia falsa. Tres generaciones de una familia de campesinos, los Mal-Tiempo, desde el comienzo del siglo hasta la Revolución de Abril de 1974 que derrumbó la dictadura, pasan por esa novela a la que di el título de Alzado del suelo y fue con tales hombres y mujeres del suelo levantados, personas reales primero, figuras de ficción después, con las que aprendí a ser paciente, a confiar y a entregarme al tiempo, a ese tiempo que simultáneamente nos va construyendo y destruyendo para de nuevo construirnos y otra vez destruirnos. No tengo la seguridad de haber asimilado de manera satisfactoria aquello que la dureza de las experiencias tornó virtud en esas mujeres y en esos hombres: una actitud naturalmente estoica ante la vida. Teniendo en cuenta, sin embargo, que la lección recibida, pasados más de veinte años, permanece intacta en mi memoria, que todos los días la siento presente en mi espíritu como una insistente convocatoria, no he perdido, hasta ahora, la esperanza de llegar a ser un poco más merecedor de la grandeza de los ejemplos de dignidad que me fueron propuestos en la inmensidad de las planicies del Alentejo. El tiempo lo dirá.
¿Qué otras lecciones podría yo recibir de un portugués que vivió en el siglo XVI, que compuso las "Rimas" y las glorias, los naufragios y los desencantos patrios de Os Lusíadas, que fue un genio poético absoluto, el mayor de nuestra literatura, por mucho que eso pese a Fernando Pessoa, que a sí mismo se proclamó como el Súper-Camoens de ella? Ninguna lección a mi alcance, ninguna lección que yo fuese capaz de aprender salvo la más simple que me podría ser ofrecida por el hombre Luis Vaz de Camoens en su más profunda humanidad, por ejemplo, la humildad orgullosa de un autor que va llamando a todas las puertas en busca de quien esté dispuesto a publicar el libro que escribió, sufriendo por eso el desprecio de los ignorantes de sangre y de casta, la indiferencia desdeñosa de un rey y de su compañía de poderosos, el escarnio con que desde siempre el mundo ha recibido la visita de los poetas, de los visionarios y de los locos. Al menos una vez en la vida, todos los autores tuvieron o tendrán que ser Luis de Camoens, aunque no escriban las redondillas de Sôbolos rios. Entre hidalgos de la corte y censores del Santo Oficio, entre los amores de antaño y las desilusiones de la vejez prematura, entre el dolor de escribir y la alegría de haber escrito, fue a este hombre enfermo que regresa pobre de la India, adonde muchos sólo iban para enriquecerse, fue a este soldado ciego de un ojo y golpeado en el alma, fue a este seductor sin fortuna que no volverá nunca más a perturbar los sentidos de las damas de palacio, a quien yo puse a vivir en el teatro en el escenario de la pieza de teatro llamada Que farei con este livro? (¿Qué haré con este libro?), en cuyo final resuena otra pregunta, aquélla que importa verdaderamente, aquélla que nunca sabremos si alguna vez llegará a tener respuesta suficiente: "¿Qué harás con este libro?". Humildad orgullosa fue ésa de llevar debajo del brazo una obra maestra y verse injustamente rechazado por el mundo. Humildad orgullosa también, y obstinada, esta de querer saber para qué servirán mañana los libros que vamos escribiendo hoy, y luego dudar que consigan perdurar largamente (¿hasta cuándo?) las razones tranquilizadoras que quizá nos estén siendo dadas o que estamos dándonos a nosotros mismos. Nadie se engaña mejor que cuando consiente que lo engañen otros.
Se aproxima ahora un hombre que dejó la mano izquierda en la guerra y una mujer que vino al mundo con el misterioso poder de ver lo que hay detrás de la piel de las personas. Él se llama Baltasar Mateus y tiene el apodo de Siete-Soles, a ella la conocen por Bilmunda, y también por el apodo de Siete-Lunas que le fue añadido después porque está escrito que donde haya un sol habrá una luna y que sólo la presencia conjunta de uno y otro tornará habitable, por el amor, la tierra. Se aproxima también un padre jesuita llamado Bartolmeu que inventó una máquina capaz de subir al cielo y volar sin otro combustible que no sea la voluntad humana, ésa que según se viene diciendo, todo lo puede, aunque no pudo, o no supo, o no quiso, hasta hoy, ser el sol y la luna de la simple bondad o del todavía más simple respeto. Son tres locos portugueses del siglo XVIII en un tiempo y en un país donde florecieron las supersticiones y las hogueras de la Inquisición, donde la vanidad y la megalomanía de un rey hicieron levantar un convento, un palacio y una basílica que asombrarían al mundo exterior, en el caso poco probable de que ese mundo tuviera ojos bastantes para ver a Portugal, tal como sabemos que los tenía Bilmunda para ver lo que escondido estaba. Y también se aproxima una multitud de millares y millares de hombres con las manos sucias y callosas, con el cuerpo exhausto de haber levantado, durante años sin fin, piedra a piedra, los muros implacables del convento, las alas enormes del palacio, las columnas y las pilastras, los aéreos campanarios, la cúpula de la basílica suspendida sobre el vacío. Los sonidos que estamos oyendo son del clavicornio del Doménico Scarlatti, que no sabe si debe reír o llorar. Esta es la historia del Memorial del convento, un libro en que el aprendiz de autor, gracias a lo que le venía siendo enseñado desde el antiguo tiempo de sus abuelos Jerónimo y Josefa, consiguió escribir palabras como éstas, donde no está ausente alguna poesía: "Además de la conversación de las mujeres son los sueños los que sostienen al mundo en su órbita. Pero son también los sueños los que le hacen una corona de lunas, por eso el cielo es el resplandor que hay dentro de la cabeza de los hombres si no es la cabeza de los hombres el propio y único cielo". Que así sea.
De las lecciones de poesía, sabía ya alguna cosa el adolescente, aprendidas en sus libros de texto cuando, en una escuela de enseñanza profesional de Lisboa, andaba preparándose para el oficio que ejerció en el comienzo de su vida de trabajo: el de mecánico cerrajero. Tuvo también buenos maestros del arte poético en las largas horas nocturnas que pasó en bibliotecas públicas, leyendo al azar de encuentros y de catálogos, sin orientación, sin alguien que le aconsejase, con el mismo asombro creador del navegante que va inventando cada lugar que descubre. Pero fue en la biblioteca de la escuela industrial donde El año de la muerte de Ricardo Reis comenzó a ser escrito. Allí encontró un día el joven aprendiz de cerrajero (tendría entonces 17 años) una revista -Atena era el título- en que había poemas firmados con aquel nombre y, naturalmente, siendo tan mal conocedor de la cartografía literaria de su país, pensó que existía en Portugal un poeta que se llamaba así: Ricardo Reis. No tardó mucho tiempo en saber que el poeta propiamente dicho había sido un tal Fernando Nogueira Pessoa que firmaba poemas con nombres de poetas inexistentes nacidos en su cabeza y a quien llamaba heterónimos, palabra que no constaba en los diccionarios de la época, por eso costó tanto trabajo al aprendiz de las letras saber lo que ella significaba. Aprendió de memoria muchos poemas de Ricardo Reis ("Para ser grande sê inteiro/Põe quanto és no mínimo que fazes"), pero no podía resignarse, a pesar de tan joven e ignorante, a que un espíritu superior hubiese podido concebir, sin remordimiento, este verso cruel: "Sábio é o que se contenta com o espectáculo do mundo". Mucho, mucho tiempo después, el aprendiz de escritor ya con el pelo blanco y un poco más sabio de sus propias sabidurías se atrevió a escribir una novela para mostrar al poeta de las "Odas" algo de lo que era el espectáculo del mundo en ese año de 1936 en que lo puso a vivir sus últimos días: la ocupación de la Renania por el Ejército nazi, la guerra de Franco contra la República española, la creación por Salazar de las milicias fascistas portuguesas. Fue como si estuviese diciéndole: "He ahí el espectáculo del mundo, mi poeta de las amarguras serenas y del escepticismo elegante. Disfruta, goza, contempla, ya que estar sentado es tu sabiduría".
El año de la muerte de Ricardo Reis terminaba con unas palabras melancólicas: "Aquí donde el mar acabó y la tierra espera". Por tanto no habría más descubrimientos para Portugal, sólo como destino una espera infinita de futuros ni siquiera imaginables: el fado de costumbre, la saudade de siempre y poco más. Entonces el aprendiz imaginó que tal vez hubiese una manera de volver a lanzar los barcos al agua, por ejemplo mover la propia tierra y ponerla a navegar mar adentro. Fruto inmediato del resentimiento colectivo portugués por los desdenes históricos de Europa (sería más exacto decir fruto de mi resentimiento personal), la novela que entonces escribí -La balsa de piedra- separó del continente europeo a toda la Península Ibérica, transformándola en una gran isla fluctuante, moviéndose sin remos ni velas, ni hélices, en dirección al Sur del mundo, "masa de piedra y tierra cubierta de ciudades, aldeas, ríos, bosques, fábricas, bosques bravíos, campos cultivados, con su gente y sus animales", camino de una utopía nueva: el encuentro cultural de los pueblos peninsulares con los pueblos del otro lado del Atlántico, desafiando así, a tanto se atrevió mi estrategia, el dominio sofocante que los Estados Unidos de la América del Norte vienen ejerciendo en aquellos parajes. Una visión dos veces utópica entendería esta ficción política como una metáfora mucho más generosa y humana: que Europa, toda ella, deberá trasladarse hacia el Sur a fin de, en descuento de sus abusos coloniales antiguos y modernos, ayudar a equilibrar el mundo. Es decir Europa finalmente como ética. Los personajes de La balsa de piedra -dos mujeres, tres hombres y un perro- viajan incansablemente a través de la Península mientras ella va surcando el océano. El mundo está cambiando y ellos saben que deben buscar en sí mismos las personas nuevas en que se convertirán (sin olvidar al perro que no es un perro como los otros). Eso les basta.
Se acordó entonces el aprendiz que en tiempos de su vida había hecho algunas revisiones de pruebas de libros y que si en La balsa de piedra hizo, por decirlo así, revisión del futuro, no estaría mal que revisara ahora el pasado inventando una novela que se llamaría História do Cerco de Lisboa, en la que un revisor trabajando un libro del mismo título, aunque de historia, y cansado de ver cómo la citada historia cada vez es menos capaz de sorprender, decidió poner en lugar de un "sí" un "no", subvirtiendo la autoridad de las "verdades históricas". Raimundo Silva, así se llamaba el revisor, es un hombre simple, vulgar, que sólo se distingue de la mayoría por creer que todas las cosas tienen su lado visible y su lado invisible y que no sabremos nada de ellas, mientras no les hayamos dado la vuelta completa. De eso precisamente trata una conversación que tiene con el historiador. Así: "Le recuerdo que los revisores ya vieron mucho de literatura y vida. Mi libro, se lo recuerdo, es de historia. No es propósito mío apuntar otras contradicciones, profesor, en mi opinión todo cuanto no sea vida es literatura. La historia también. La historia sobre todo, sin querer ofender. Y la pintura, y la música. La música va resistiéndose desde que nació, unas veces va y otras viene, quiere librarse de la palabra, supongo que por envidia, pero regresa siempre a la obediencia. Y la pintura, mire, la pintura no es más que literatura hecha con pinceles. Espero que no se haya olvidado de que la humanidad comenzó pintando mucho antes de saber escribir. Conoce el refrán, si no tienes perro caza con el gato, o dicho de otra manera, quien no puede escribir, pinta, o dibuja, es lo que hacen los niños. Lo que usted quiere decir, con otras palabras, es que la literatura ya existía antes de haber nacido, sí señor, como el hombre, con otras palabras, antes de serlo ya lo era. Me parece que usted equivocó la vocación, debería ser historiador. Me falta preparación, profesor, qué puede un simple hombre hacer sin preparación, mucha suerte he tenido viniendo al mundo con la genética organizada, pero, por decirlo así, en estado bruto, y después sin más pulimento que las primeras letras que se quedaron como únicas. Podía presentarse como autodidacta producto de su digno esfuerzo, no es ninguna vergüenza, antiguamente la sociedad estaba orgullosa de sus autodidactas. Eso se acabó, vino el desarrollo y se acabó, los autodidactas son vistos con malos ojos, sólo los que escriben versos o historias para distraer están autorizados a ser autodidactas, pero yo para la creación literaria no tengo habilidad. Entonces métase a filósofo. Usted es un humorista, cultiva la ironía, me pregunto cómo se dedicó a la historia, siendo ella tan grave y profunda ciencia. Soy irónico sólo en la vida real. Ya me parecía a mí que la historia no es la vida real, literatura sí, y nada más. Pero la historia fue vida real en el tiempo en que todavía no se le podía llamar historia. Entonces usted cree, profesor, que la historia es la vida real. Lo creo, sí. Que la historia fue vida real, quiero decir. No tengo la menor duda. Qué sería de nosotros si el deleatur que todo lo borra no existiese, suspiró el revisor". Escusado será añadir que el aprendiz aprendió con Raimundo Silva la lección de la duda. Ya era hora.
Fue probablemente este aprendizaje de la duda el que le llevó, dos años más tarde, a escribir El Evangelio según Jesucristo. Es cierto, y él lo ha dicho, que las palabras del título le surgieron por efecto de una ilusión óptica, pero es legítimo que nos interroguemos si no habría sido el sereno ejemplo del revisor el que, en ese tiempo, le anduvo preparando el terreno de donde habría de brotar la nueva novela. Esta vez no se trataba de mirar por detrás de las páginas del Nuevo Testamento a la búsqueda de contradicciones, sino de iluminar con una luz rasante la superficie de esas páginas, como se hace con una pintura para resaltarle los relieves, las señales de paso, la oscuridad de las depresiones. Fue así como el aprendiz, ahora rodeado de personajes evangélicos, leyó, como si fuese la primera vez, la descripción de la matanza de los Inocentes y, habiendo leído, no comprendió. No comprendió que pudiese haber mártires de una religión que aún tendría que esperar treinta años para que su fundador pronunciase la primera palabra de ella, no comprendió que no hubiese salvado la vida de los niños de Belén precisamente la única persona que lo podría haber hecho, no comprendió la ausencia, en José, de un sentimiento mínimo de responsabilidad, de remordimiento, de culpa o siquiera de curiosidad, después de volver de Egipto con su familia. Ni se podrá argumentar en defensa de la causa que fue necesario que los niños de Belén murieran para que pudiese salvarse la vida de Jesús: El simple sentido común, que a todas las cosas, tanto a las humanas como a las divinas, debería presidir, está ahí para recordarnos que Dios no enviaría a su hijo a la Tierra con el encargo de redimir los pecados de la humanidad, para que muriera a los dos años de edad degollado por un soldado de Herodes. En ese Evangelio escrito por el aprendiz con el respeto que merecen los grandes dramas, José será consciente de su culpa, aceptará el remordimiento en castigo de la falta que cometió y se dejará conducir a la muerte casi sin resistencia, como si eso le faltase todavía para liquidar sus cuenta con el mundo. El Evangelio del aprendiz no es, por tanto, una leyenda edificante más de bienaventurados y de dioses, sino la historia de unos cuantos seres humanos sujetos a un poder contra el cual luchan, pero al que no pueden vencer. Jesús, que heredará las sandalias con las que su padre había pisado el polvo de los caminos de la tierra, también heredará de él el sentimiento trágico de la responsabilidad y de ella la culpa que nunca lo abandonará, incluso cuando levante la voz desde lo alto de la cruz: "Hombres, perdónenlo, porque él no sabe lo que hizo", refiriéndose al Dios que lo llevó hasta allí, aunque quien sabe si recordando todavía, en esa última agonía, a su padre auténtico, aquel que en la carne y en la sangre, humanamente, lo engendró. Como se ve, el aprendiz ya había hecho un largo viaje cuando en el herético evangelio escribió las últimas palabras del diálogo en el templo entre Jesús y el escriba: "La culpa es un lobo que se come al hijo después de haber devorado al padre, dijo el escriba, Ese lobo de que hablas ya se ha comido a mi padre, dijo Jesús, Entonces sólo falta que te devore a ti, Y tú, en tu vida, fuiste comido, o devorado, No sólo comido y devorado, también vomitado, respondió el escriba".
Si el emperador Carlomagno no hubiese establecido en el norte de Alemania un monasterio, si ese monasterio no hubiese dado origen a la ciudad de Münster, si Münster no hubiese querido celebrar los 1200 años de su fundación con una ópera sobre la pavorosa guerra que enfrentó en el siglo XVI a protestantes anabaptistas y católicos, el aprendiz no habría escrito la pieza de teatro que tituló In Nomine Dei. Una vez más, sin otro auxilio que la pequeña luz de su razón, el aprendiz tuvo que penetrar en el oscuro laberinto de las creencias religiosas, ésas que con tanta facilidad llevan a los seres humanos a matar y a dejarse matar. Y lo que vio fue nuevamente la máscara horrenda de la intolerancia, una intolerancia que en Münster alcanzó el paroxismo demencial, una intolerancia que insultaba la propia causa que ambas partes proclamaban defender. Porque no se trataba de una guerra en nombre de dos dioses enemigos sino de una guerra en nombre de un mismo dios. Ciegos por sus propias creencias, los anabaptistas y los católicos de Münster no fueron capaces de comprender la más clara de todas las evidencias: en el día del Juicio Final, cuando unos y otros se presenten a recibir el premio o el castigo que merecieron sus acciones en la tierra, Dios, si en sus decisiones se rige por algo parecido a la lógica humana, tendrá que recibir en el paraíso tanto a unos como a otros, por la simple razón de que unos y otros en Él creían. La terrible carnicería de Münster enseñó al aprendiz que al contrario de lo que prometieron las religiones nunca sirvieron para aproximar a los hombres y que la más absurda de todas las guerras es una guerra religiosa, teniendo en consideración que Dios no puede, aunque lo quisiese, declararse la guerra a sí mismo...
Ciegos. El aprendiz pensó "Estamos ciegos", y se sentó a escribir el Ensayo sobre la ceguera para recordar a quien lo leyera que usamos perversamente la razón cuando humillamos la vida, que la dignidad del ser humano es insultada todos los días por los poderosos de nuestro mundo, que la mentira universal ocupó el lugar de las verdades plurales, que el hombre dejó de respetarse a sí mismo cuando perdió el respeto que debía a su semejante. Después el aprendiz, como si intentara exorcizar a los monstruos engendrados por la ceguera de la razón, se puso a escribir la más simple de todas las historias: Una persona que busca a otra persona sólo porque ha comprendido que la vida no tiene nada más importante que pedir a un ser humano. El libro se llama Todos los nombres. No escritos, todos nuestros nombres están allí. Los nombres de los vivos y los nombres de los muertos.
Termino. La voz que leyó estas páginas quiso ser el eco de las voces conjuntas de mis personajes. No tengo, pensándolo bien, más voz que la voz que ellos tuvieron. Perdónenme si les pareció poco esto que para mí es todo.

21 jun. 2010

Murió José Saramago

 Tras más de una década de alejamiento de Portugal, José Saramago vivía una nueva pasión otoñal con el país que le vio nacer, adornada de homenajes y reconocimientos e inmune a la polémica religiosa y política que rodeó sus obras.

El autor contemporáneo más universal de las letras lusas, fallecido hoy, nunca dejó indiferentes a sus compatriotas, entre los que era fácil detectar dos actitudes contrapuestas, la aversión o la admiración, aunque siempre mezcladas con el reconocimiento de que no había otro escritor portugués vivo con mayor proyección mundial.
Solo sus críticos solían decir que Saramago era menos apreciado en su propio país que en la vecina España, donde se refugió desencantado por la censura de la que se sintió víctima en los años noventa.
Pero hasta sus más cercanos admiradores reconocían que al otro lado de la frontera lusa era, en cualquier caso, mucho menos controvertido. Frente a la estela de polémica que dejaron su marcada militancia comunista y sus ácidos comentarios políticos, el Saramago anciano y dulcificado de la última década logró, como ningún otro, ser profeta en su tierra y estar por encima del bien y del mal que tanto retrató en sus novelas. Dos de sus libros de mayor carga religiosa, "El Evangelio según Jesucristo" (1991) y "Caín" (2009) marcan un antes y un después en la percepción portuguesa del irreverente novelista, que con la primera obra conmocionó al Portugal católico de la época y con la segunda apenas cosechó un ramillete de comentarios desdeñosos.
El largo desencuentro de Saramago con su país natal se desencadenó con las reacciones a la publicación del "Evangelio" un libro denostado por políticos e intelectuales católicos lusos y hasta por el Vaticano.
El autor se sintió censurado cuando la presentación de su obra a un premio europeo fue vetada desde el Gobierno conservador de la época, que presidía el hoy jefe de Estado portugués, Aníbal Cavaco Silva.
Pero casi dos décadas después ese mismo Portugal católico se conmovió poco con el irreverente "Caín" y las provocadoras declaraciones de su autor, que calificó al Dios de la Biblia de "mala persona y vengativo" y a las Sagradas Escrituras de "libro terrible y sombrío" y manual de "malas costumbres".

2 jun. 2010

“INFLUENZA”, UNA PLAQUETTE QUE ANUNCIA NUEVOS GIROS EN LA OBRA DEL POETA PERUANO MAURIZIO MEDO


Como un adelanto de la publicación de su segundo libro en la ciudad de Santiago de Chile Transtierros —recordemos que el primero fue Manicomio, considerado como uno de los títulos más emblemáticos de la nueva poesía en lengua castellana—, la Editorial FUGA pondrá en circulación un work in progres de este nuevo título con el título de Influenza. Aquí los poemas, escritos en tiempo real, recogen (de manera testimonial, paródica y crítica) el espíritu de época, una de la que el autor se da la maña para escapar e interrogar al lenguaje, y con ello a la propia identidad, una que, en la obra de Medo, logra, una vez más, reinventarse.

Como una primicia ofrecemos aquí algunos de sus textos.

INFLUENZA

1.              
Basta de trepar a los aviones que emprenden vuelo en la deshora
Basta de caer desde tu beso sobre los tremos de su honda turbulencia
Basta de deshablar en trances celulares alelado ante mi ruido
Basta enjundia de súbitas querellas por quítame estas pajas
Basta de volver a marcar poseso digital tu código de acceso
Basta de flyers posts emails…
Basta de fingirse natural meditando la vida conyugal en una jaula
Basta de ver por ahí al poema y susurrarle albur-azar por serendipia

                                                     Arribo del transtierro (libre ya de alquilarme
abyecto ganapán por unos óbolos)


Judas de mis cristos ábrome paso por el psicosocial temiendo sorprender
en mi lugar a un doppelganger
Temo que mi propia ausencia del poema
me constriña Pájaro a la jaula
Albur —azar —albur —azar
Temo que al verme el perro ladre no a mí sino a esa ausencia
Ábrome paso Cincuentonas con máscaras antigases Otras cholas
esputan sus pañuelos Por el altavoces canta el locutor



26 may. 2010

Recordando a Luisito Hernández



Nacido en Lima el 18 de diciembre de 1941, Luis Guillermo Hernández Camarero, fue uno de los más originales miembros de la generación poética de los años '60. Médico de profesión, Hernández dejó de publicar en 1965, tras haberse iniciado con tres poemarios en los que su voz se reconocía nueva y, a la vez, tributaria de los rasgos más valiosos de su promoción. A partir de 1970 rompería su silencio con una heterodoxa práctica: la redacción de innumerables cuadernos en los que su bella caligrafía despliega su verbo luminoso. Ajenos a cualquier intento de edición, los cuadernos que el poeta regalara a sus amistades como signo de su marginalidad y emblema de su rebeldía, constituyeron su único legado y forman parte del volumen que el propio Hernández, antes de su trágica desaparición en Buenos Aires (1977), denominaría VOX HORRÍSONA.

En 1962 Luis Hernández presentó un breve poemario titulado Charly Melnik, en la colección El Timonel. Su poesía, breve como su vida (1941 - 1977), marcó toda una tendencia en los jóvenes del ochenta, luego de que tanto su poesía (especialmente la quedó desparramada entre sus enamoradas y sus amigos en cuadernos escolares) se publicara en sendas colecciones promovidas por sus amigos, envuelta en un halo de misterio y mito que hasta hoy perdura. La nostalgia de esos años y esos poemas se recuerdan a través de uno de sus poemas más emblemáticos.



Charlie Melnick

El estaba en todo
Ya no lo está mas
Maeterlinck
I


Como cuando vivía
Cantarás,
Aunque no vuelvas.
II
Ahora que no vuelves,
Charlie Melnik,
Mi viejo, mi antiguo
Compañero;
Cuando ni la marea más alta
Cubre esta sombra
De pena.
Los caminos cerrados, old cap,
Los caminos cerrados.

III
Quién, qué lluvia
Hará surgir el día.
Ahora que no regresas
Desde tu noche perfecta.






"LA GUILLOTINA”: PRIMER ENCUENTRO TRIPARTITO DE ESCRITORES Y EDITORIALES INDEPENDIENTES DE PERÚ, BOLIVIA Y CHILE

JUEVES 27 Y VIERNES 28 DE MAYO (ARICA) SÁBADO 29 (TACNA)

Organiza: Ediciones Cinosargo.

Ejecutores:

• Daniel Rojas Pachas (Escritor y académico de la Universidad de Tarapacá)
• Tito Manfred Van Battenburg (Escritor y licenciado en Lenguaje y Comunicación)
• Mauro Gatica (Escritor y Profesor de Castellano y Comunicación)
• Eduardo Ignacio (Escritor y Director de Taller Literario MAL)

Fecha de realización: jueves 27 y viernes 28 de mayo (Arica) sábado 29 (Tacna)

Objetivo de la actividad: El encuentro tiene como objetivo integrar a los editores independientes de esta zona del cono sur y demostrar las posibilidades de intercambio y comunicación que hay entre el sur del Perú (Tacna y Arequipa), norte grande de Chile (Arica e Iquique) y Bolivia para crear un circuito del libro que permita fortalecer iniciativas como ferias internacionales del libro, talleres y pasantías de escritores dentro de los distintos centros culturales internacionales, lo cual fortalecería nuevas formas de afrontar la escritura y desde luego promover en la región un diálogo que integre a todos los actores responsables del fomento a la lectura y la creación de nuevos autores y lectores.   MAYOR INFORMACIÓN AQUÍ

Alberto Valcárcel (1944 - 2010) Falleció en Arequipa.

El poeta Alberto Valcárcel falleció; fue victima de una enfermedad grave y dolorosa, habido muchos comentarios sobre esta dolorosa muerte del poeta puneño: gloria Mendoza Borda ha comentado en su Factbook: “Murió uno de los poetas más humanos y sencillos del Perú, Alberto Valcárcel. Fue un poeta que nunca hizo daño, nunca habló mal de nadie. Perteneció a mi generación. Carismático y genial. Mi hermano espiritual hasta sus últimos días. Una lealtad eterna”. El primero en publicar Este triste noticia fue el poeta: Alfredo Herrera quién publicó en su blog La silla prestada. : “La noticia es dolorosa: el poeta puneño Alberto Valcárcel ha fallecido en Arequipa. No hay mucho qué decir ahora que no está entre nosotros, si no lo dijimos cuando su voz de pueblo nos susurraba o nos envalentonaba. Descansa en paz, Alberto. ¡BIBA LA POESÍA!”.
Personalmente lo aprecio mucho, siempre estará en mi mente y en mi palabra, igual para muchos poetas puneños; nunca morirá, siempre estará presente en cada una de sus hogares así también en las esquinas literarias y en las calles poéticos. Y termino con esta frase celebre de Gustavo Adolfo Bécquer “No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira: podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía”.
Aquí algunas de sus poemas:

CANTAR DE SANGRAR
a Luis Felipe Angell de Lama,
hacedor del más grande soneto
que mis ojos no dejan
de rezar
I
Es Sangrar el claror
Que el pueblo extraña
LA VICTORIA MAS JUSTA
De esa talla la voz
Que arrulla "Hoy o Nunca"
Y que a la vez estalla.
II
Ya la razón sentencia
LA PATRIA ES LIMPIA
Y la queremos nuestra
Pero el truhán la agrede
Y de quebrantos muchos
El muy felón la invade.
III
Adiós lúgubres penas
Volad días oscuros
Ahora que ayer más vivo

Todavía su nombre crece
Y por el cielo alumbra
¡NUESTRA FERTIL BATALLA!
IV
Pongo una flor andina
Frente a la dura guerra
País de pétalos gentiles
Para que siempre en vela
CUIDEMOS JUNTOS EL AMOR
Y sin dudar tu suelo.
V
LA SAETA
¡Hoy o nunca
Retumba en lontananza!
¡Hoy o nunca
Abriga en los sentidos!
¡HOY O NUNCA
PROCLAMA EL BIEN AL MUNDO!


20 may. 2010

Algunas poemas de, Liliana quinto laguna


Poeta y periodista puneña Liliana Quinto Laguna, electa recientemente Presidenta del Centro de Escritoras Puno 2010



NOSTALGIA
El rencor ha venido
con pose de caballero herido
y corbata destructora
cerrando puertas
al tiempo y a la vida,
destrozando cuentos de abuelos queridos
que dibujaban historias con sus ojos
y manos-madres que recogían pesares,
los nietos del tiempo
escucharon testamentos,
recibieron satisfechos
tecnología y sonrisas cibernéticas,
dibujando huellas en arena de su época,
el lago se fue huyendo
dejando peces en orfandad,
las zampoñas lamentaron
el pacto de honor con la vida,
los charangos engañan sus lamentos
con suspiros,
por no vender su respiración...
Es momento de dar paso al amor
para empezar de nuevo
a recoger esperanzas...
VOY POR TI
Voy a llevarte a recoger peces de colores
guardando tu voz en mi cartera
Y en el fondo de la mente encontraremos
conceptos en bloque, danzando de alegría
No será insólito vivir bordando tus sueños
son realidades en éste suelo sentimental
Porque guardo esa extraña fragilidad
esa afición a la caza mayor de tus caricias
Por esa brillantez que deshoja ternuras
saboreando emociones soberanas
Para que el reaprendizaje de amor
sea sello indeleble en tus ojos
Porque me he dado a ti prisionera eterna
en medio de la libertad en la que me acorralas

Y como el virus de buenos sentimientos
nos propagaremos por toda la ciudad.
ENTRAÑABLE
Tu sonrisa alumbra
nubes del camino,
luz diáfana donde comienza el cielo.
Una caricia pensativa,
braza que desarraiga,
emociones ceden...
Visto con mis manos
tu desnudez
acaricio fragancias
en crepúsculos inquietos.
Rubíes se engarzan
en mis labios.
Tus cabellos de noche
brotan en el cuerpo de la luna
¿Quién eres?
impregnas de esencia sagrada
ese misterio dormido
fundiendo oro y plata,
un volcán pensativo estalla,
recobra identidad
ese cuerpo inteligente
se viste de pudor,
de tanto buscarnos
nos encontramos hoy
para danzar
entre pétalos.

Feliciano Padilla presenta libro: “Contra encantamientos y malos augurios”

El escritor Feliciano Padilla Chalco presentó su libro “Contra encantamientos y malos augurios” un conjunto organizado de artículos periodísticos y académicos en su mayoría publicados en el dominical del diario Los Andes y en algunas revistas como Siete Culebras y Arteidea.

Padilla estructura el libro en tres diferenciados temas: Política, Literatura, Educación y otros temas. En su presentación expresó que se siente profundamente involucrado con el devenir presente y futuro de nuestra sociedad, y es por ello, que una de las razones de su publicación, es plasmar en un todo sus preocupaciones sociales, académicas y literarias.
En la antesala a la disertación del escritor Padilla, intervinieron José Escobedo Rivera, José Vilcatoma Salas, Boris Espezúa Salmón y la Sra. Sofía Benavente quienes abordaron comentarios sobre el libro desde sus propias ópticas resaltando el aporte significativo y cualitativo del autor al pensamiento altiplánico desde los frentes políticos, sociales y literarios.
La presentación del libro estuvo organizada por la Oficina Universitaria de Proyección Social y Extensión de la Universidad Nacional de Altiplano, que desde su trinchera cultural, apoya la cultura, el pensamiento y las ideas de los hombres y mujeres puneños. Asimismo, le ocupó la edición e impresión de las 280 páginas que condensa artículos de los años 2008 al 2009.
El diario Los Andes hace extensivo el saludo y la felicitación a su autor, el escritor Feliciano Padilla Chalco, por extender su aporte e inaugurar el diálogo a través de sus comentarios y escritos por nuestro medio que, estamos seguros, fortalece la pluralidad para el mejor entendimiento entre hombres y mujeres en nuestra región Puno.
tomada del diario los Andes"

14 abr. 2010

Nueva publicación en Cascahuesos Editores: CORTOMETRAJE de Yuri Vásquez, Premio Copé de Cuento 1994

Nota de prensa de Cascahuesos Editores

Nos complacemos en informarles que, tras un paciente seguimiento, hemos conseguido extraer de la prolífica obra inédita del escritor arequipeño Yuri Vásquez el primer volumen de cuentos Cortometraje, el mismo que será lanzado al mercado en las siguientes semanas con el propósito de ponerlo en consideración del gran público lector.
Yuri Vásquez nació en Arequipa en 1963. Es abogado de profesión y se desempeña como abogado liberal e independiente, así como asesor legal en la esfera de la Empresa privada. Tiene, además, estudios de Maestría en la especialidad de Derecho Penal. Es uno de los más importantes animadores de la narrativa arequipeña de los 90, destacándose por su gran proyección literaria al haber obtenido el primer lugar en la Bienal de Cuento del premio COPÉ de 1994 con el cuento “Cuando las últimas luces se hayan apagado”, y haber sido recientemente finalista en la II Bienal de Novela «Premio COPÉ Internacional 2009» con su libro El niño de la tempestad. También ha obtenido el Primer lugar en el III Concurso Nacional de Cuento con “La vida detrás de un Biombo” (1993), y el Tercer lugar en el IV Concurso Nacional de Cuento con “Blues en la noche” (1994), ambos organizados por la Municipalidad Distrital de Paucarpata en Arequipa.
Cuenta con una abundante obra inédita, conformada por los libros de cuentos Los imaginados, Témpanos y Kamikazes y las novelas Subterráneos, Los últimos dioses del opio, Abel y la mujer desnuda, y La inmensidad, la misma que se encuentra en pleno proceso de preparación. Ha recibido palabras elogiosas en estudios críticos de la nueva narrativa peruana por parte del prestigioso crítico literario Ricardo González Vigil. Y no obstante, su renuente actitud a publicar, debido al apoyo y por recomendación de los pocos que conocen su obra, todos estos libros se publicarán próximamente.
«YURI VÁSQUEZ es la clase de escritor que no se conforma con la frase cumplidora. Por alguna razón, está condenado a buscar la expresión plena, aquella que no se resume en la oración ni en el párrafo ni en el texto mismo, pues se trata de una búsqueda más ilusoria que fáctica y, por su intrincado derrotero, destila más contrariedad que satisfacción. […] La violencia, el sexo y el poder, que en el fondo tienen la misma materia viscosa en Cortometraje, cobran particulares brillos en cada uno de los catorce cuentos, obligando a que el carácter realista, insólito, fantástico o metaficcional de uno u otro pase a un rotundo segundo plano. Quienes esperábamos este libro no nos queda sino celebrar su aparición», ha dicho, entre otras cosas, JOSÉ DONAYRE HOEFKEN, respecto a este primer texto.

Cortometraje será presentado en las próximas semanas: el día 25 en la ciudad de Lima y el 30 en Arequipa.

"Aquí se debe exhibir la pluma de José Asunción Silva... y la botella de todos!". ESCRITORES Y ALCOHOLES. Por José Luis Díaz-Granados

Por José Luis Díaz-Granados


Parece que al fin los biógrafos de Shakespeare han terminado por ponerse de acuerdo en que el poeta murió a causa de una intoxicación etílica a la temprana edad de 51 años. Aquel 23 de abril de 1616 —por coincidencia, el mismo día, mes y año en que moría Cervantes—, los vecinos comentaban que durante la noche anterior el autor de Romeo y Julieta "había bebido demasiado vino".
El que un autor literario haya sido de manera predominante consumidor de vegetales, de café o de drogas heroicas puede constituir algo sencillamente anecdótico: Balzac bebía 50 tazas de café negro al día (o mejor, durante la madrugada) y sólo así se sentía estimulado para escribir. George Bernard Shaw sólo comía vegetales sin haber probado jamás la carne ni el alcohol. Y la mayoría de los novelistas del movimiento "beatnik" probaron la marihuana, la cocaína y el LSD. Pero que un escritor sea (o haya sido) un dipsómano impenitente parece ser casi un ritual paralelo al de su amor por las palabras.
No existe una razón lógica para creerlo. Incluso alcohólicos tan reconocidos como Hemingway, Karen Blixen o John Steinbeck aconsejaban no escribir jamás bajo los efectos etílicos. Sin embargo, no son pocos los textos y los libros en los que especialistas han intentado hallarle una explicación racional a esta extraña relación entre la creación literaria y la adicción al alcohol.
Precisamente Hemingway —quien en La Habana hizo famosos los eslogan: "Mi mojito en La Bodeguita; mi daiquiri en El Floridita"—, podía beber en un sólo día buenos tragos de vodka, ron y vino, al tiempo que ponderaba las "virtudes medicinales de la ginebra".
Un día, escribiendo en un café de París sintió sed. "Pedí un ron Saint James —recordó en sus memorias—. Con aquel frío me supo a gloria, y seguí escribiendo, sintiéndome muy bien y sintiendo que el buen ron de la Martinica me calentaba el cuerpo y el espíritu".
William Faulkner —quien al igual que el noruego Knut Hamsum recibió el Premio Nobel de manos del rey de Suecia en lamentable estado de embriaguez—, afirmaba que para escribir sólo se necesitaba un sitio acogedor, una mesa con una resma de papel, lápices y una botella de whisky. "¿Bourbon?, le preguntó el periodista refiriéndose al ron ordinario de Nueva Orleáns. No, respondió el novelista, no soy tan melindroso".
Las borracheras de James Joyce eran tan famosas en su exilio continental que no hay cronista de la "Generación Perdida" que no las registre. Su pobre mujer, Nora Barnacle, lidiaba con paciencia aquellas rascas de vino electrizante de Trieste, o del "Fendant de Sion" de Zurich, que según Joyce sabía a "mineral metálico". Según José María Valverde, "el alcohol y las reiteradas infecciones dentarias comenzaron a dañar los ojos de Joyce".
Zelda, la conflictiva mujer de Francis Scott Fitzgerald, sentía celos de la literatura. Apenas el autor de El Gran Gatsby se sentaba a escribir algunos párrafos de su nueva novela, ella lo arrastraba a una nueva borrachera hasta que él perdía el conocimiento luego de pelear y hacer las paces. Al otro día, trataba de curar la resaca sudando alcohol en largas caminatas con Hemingway para luego volver a intentar nuevos párrafos frente a su máquina.
Beodo hasta el "Delirium tremens" fue el desdichado y fascinante Edgar Alan Poe, al igual que Paul Verlaine, borracho feroz que casi mata con arma de fuego a su madre viuda, a su esposa y a su luciferino compañero Arthur Rimbaud. Pero el colmo del descaro lo llevó a cabo Truman Capote, el impecable narrador de A sangre fría, cuando ante 75 millones de televidentes declaró tartamudeando por la embriaguez: "soy marica, borracho y chismoso. Pero soy un genio".
El genial poeta galés Dylan Thomas, después de haber asombrado al mundo literario anglosajón con su Retrato del artista cachorro, realizó cuatro giras triunfales por los Estados Unidos, al término de las cuales murió luego de haber ingerido alcohol sin parar durante un mes. Tenía 39 años.
Un novelista olvidado, Halldor Kiljan Laxness, autor de Las campanas de Islandia, respondió a la pregunta de los reporteros acerca de lo que pensaba hacer con la fortuna obtenida con el Premio Nobel de Literatura en 1955: "Me la voy a beber". Lo que sin duda hizo, al igual que sus antecesores en el galardón: Sir Winston Churchill, dipsómano archiconocido, los ya citados Faulkner y Hemingway, el existencialista sueco Pär Lagerkvist y el controvertido André Gide.
El poeta colombiano León de Greiff, célebre por su cotidiana tertulia literaria del Café "Automático" de Bogotá, con Jorge Zalamea, Arturo Camacho Ramírez, Juan Lozano y Lozano, Jorge Artel y Luis Vidales, entre otros, celebró en sus versos las delicias extrañas del kirsh, el korn, el vodka, el aguardiente, el cogñac, la chicha y el mezcal. Pero también decía: "Bebamos en las cráteras de oro / que modeló el cincel benvenutino, / champán bullente y bullicioso vino".
Y no son pocos los poemas de De Greiff y de muchos otros poetas en los cuales se evoca al gran idólatra del vino Omar Khayyam, quien a su vez exaltó los dones y frutos de la bebida como símbolos de alegría vital y de optimismo.
En fin, la lista de los escritores-dipsómanos sería interminable y agotadora —Rulfo bebiendo pulque en las tiendas del D.F.; Miguel Ángel Asturias rescatado del guaro por una bella argentina; Onetti repleto de whisky mientras garrapateaba noticias en una agencia de prensa, "y el indio Darío borracho"—, pero haría válida la afirmación del poeta Juan Manuel Roca cuando se estaba proyectando la Casa de Poesía Silva en Bogotá:
—Aquí se debe exhibir la pluma de José Asunción Silva, la estilográfica de Guillermo Valencia, la pipa de León de Greiff, la máquina de escribir de Aurelio Arturo, el cacho de marihuana de Barba-Jacob y la botella de todos!

José Luis Díaz-Granados (Santa Marta - Colombia 1946), poeta, novelista y periodista cultural. Su novela Las puertas del infierno (1985), fue finalista del Premio Rómulo Gallegos. Su poesía se halla reunida en un volumen titulado La fiesta perpetua. Obra poética, 1962-2002 (2003).
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