29 ago. 2009

HOMENAJE: Mílida Castillo y las escritoras de Puno



Por:Boris Espezúa Salmón

Con mucho pesar el martes 04 de agosto dejó de existir Mílida Castillo Villagra, poeta puneña, que por razones no tan esclarecidas y de modo sorpresivo decidió dejar éste mundo para abrir los ojos en la eternidad o en el Olimpo donde moran los aedas. Mílida había iniciado la creación poética en la década de los ochenta, además de ser conocida como buena intérprete de canciones de tierra adentro, de huaynos pandilleros, zambas y chacareras, se destacaba como bailarina de diversas danzas tanto nacionales, por cierto puneñas, como también extranjeras, eran años en que se le veía radiante, y llena de vida, con vocación propositiva siempre se identificó con las causas sociales, y es así que fue docente universitaria en la carrera de Trabajo Social, condujo por muchos años programas radiales de música latinoamericana, trabajó en la Vicaría de Solidaridad, y por cierto en el Hospital “Manuel Núñez Butrón”, fue integrante del Instituto Americano de Arte y miembro-fundadora del Centro de Escritoras de Puno. En los últimos años más bien tuvo un fuerte retraimiento, que la mantuvo alejada del quehacer cultural, de aquél que en las décadas del 80 y del 90 aglutinaba con incansable iniciativa en varias actividades; su amistad con poetisas como Liliana Quinto, Betty Reboa hacían presagiar un futuro poético destacable en poetas que tenían todas las cualidades para desbrozar nuevos rumbos en la tradición literaria hacia niveles intercontinentales desde Puno.

Quien escribe estas líneas la conoció por la década del ochenta cuando se escuchaba los versos de Mílida, junto a Carmen Cano en las horas de los programas románticos de las cinco de la tarde en Radio La voz del Altiplano, en una fecha coincidimos cuando a ambos nos invitaron para leer versos, y fue donde empezó una amistad de siempre, Mílida participó en el grupo de jóvenes de aquellos años, que produjo poesía en revistas como “Catarsis”, “Piezas”, “Umbral” “Los jóvenes escriben”, eran tiempos de irreverencia, de instaurar una vanguardia que pudiera conciliar la tradición con cierta modernidad en la que no se repita lo trillado de una poesía lastimera, paisajista, decorativa e inauténtica, sino más bien que pueda expresar lo nuestro de modo coloquial, crudo, sugerido, metafórico, cuidando la palabra exacta y no cayendo en el panfletarismo, y los lugares comunes, Mílida es así que asumió el trabajo poético haciendo paralelamente un trabajo de servicio social junto al Padre Luis Zambrano, y volcando su interés por apoyar a las personas sumidas en esa costra siempre marginal y presente que es la pobreza, no sólo material sino principalmente cultural, de allí la vocación por lo nuestro por las raíces que lo llevó a preparar el único poemario orgánico e inédito pero, que habla mucho de la posición difícil de la mujer en los predios de la literatura, de los ámbitos de una cultura peruana que aún privilegia el cánon y el centralismo, éste poemario se titulaba “Mujer Raíz” y probablemente quienes puedan poseer una copia sea José Luis Ayala, Jospani, o José Luis Velásquez, quienes estarían llamados a difundir el texto con los deudos de Mílida, estos poemas que estoy seguro reflejan un avance expectante de nuestra poesía puneña escrita por mujeres, engrosando ya una tradición que existe junto a Mercedes Bueno Morales, Gloria Mendoza, y muchas otras aglutinadas ahora en el Centro de Escritoras de Puno, que dieron y dan lauros a nuestra región.

En el año 1985, se publicó una muestra de poesía puneña por el Grupo Lluxlla, “Poesía Viva” donde aparece tres poemas de Mílida Castillo, quizás fueron los únicos o entre otros únicos los que se conocen oficialmente, de dicho texto, escogemos: “Irremediable: La tarde escondió sus ojos/ dentro de mis carcajadas. Se ondula mi mente / en fuertes tambores / de aquel tiempo. Son los meses sin tus años irremediables sueños sin horizonte / donde se perpetúa la tormenta en su ausencia de Luz”. Mílida no era alguien que empezaba en poesía sabía del duro oficio de escribir, de depurar y sudar en la composición de un verso, por ello en el año 2008, cuando se presentó CELAJES, antología poética del Centro de Escritoras de Puno, quizás donde fue su última presentación pública, dijo que la poesía se escribía con transpiración y no con inspiración, dijo que le complacía de ésta producción que revelaba la reivindicación femenina de la mujer en nuestro medio, sin embargo después de la presentación de aquella tan concurrida noche en El Kuntur, comentó estar muy animada para retomar la conclusión de su libro, y la edición del mismo, pero, más pudieron los Dioses del Olimpo, en llevársela, quizás ellos la querían más pronto en el cielo que difundir sus versos entre los mortales de la tierra, quienes mayormente siempre, siempre son ingratos y desdeñosos ante la poesía. Otro poema que rescatamos de aquella década del 80, es el poema “Caminos de América”, donde dice: “Arden los vientos de los lejanos pueblos / con sus cayados gastados, para trajinar con sus arrebatos de cantos y llantos que salen de los cálamos / en esta larga ruta de América, para dar fuerzas a un destino mayor de redención definitiva”. La poesía de Mílida se nutría de elaborado lirismo, y de bronco arraigo hacia la tierra, donde reflejaba una identidad rebelde que conciliaba con su forma de ser, arisca y expansiva. Mílida como Serapio Salinas, nos enseña que la mesura poética, el estar en contra del exhibicionismo, del exaltado ego, es un defecto en los poetas, que parte de la línea del poeta, es la vida sencilla y espontánea, el vivir poesía en carne propia, el saber cultivar las amistades eternas, el amar la vida sin pensar en dañar a nadie. Ambos que no publicaron poemarios orgánicos, seguramente serán mejor recordados porque en definitiva la poesía pertenece más al mundo de los ascetas que de los figurines.

La muerte para un poeta que muere es doble acontecimiento, ya que por un lado es una mimesis con la eternidad y la levedad de la inexistencia, y por otro lado es la forma casi divina de hacerse un verso a si mismo. Como buenos andinos, que también Mílida lo era, cantemos y bailemos, junto a ella, puesto que la poesía y la muerte tienen de común ser espirituosos y lastimeros y por lo que no tiene uno porque privarse de la alegría y de romper en canto como lo hubiera hecho Mílida ante otro u otra poeta. Con el poema Pueblo de Muertos, publicado en Poesía Viva, en 1985, Milida también muestra esa familiaridad con la muerte al decir: “Hoy la catedral no se ha abierto / Los muertos que no tienen problemas están haciendo otro pueblo / y nosotros los miramos agonizar a los vivos todos los días / y aun no mueren, los vivos sólo aúllan sus problemas, ya no dan más, por eso si los muertos harían un pueblo, mañana seríamos verdaderamente puros y plenos en autenticidad”. En esta parte ironiza a vallejo cuando señala que ”Los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que no han vivido. Ellos murieron siempre de Vida”, La poesía de una mujer plena se vá, y es momento para que el Centro de Escritoras de Puno, pudieran hacer un rescate de la poesía de Mílida, es oportuno que la Gerencia de Desarrollo Social del Gobierno Regional gerenciada por el Poeta Percy Zaga edite su poemario, como homenaje a la mujer puneña, que es justo decir encarnada en mujeres como Mílida, que siendo puneñas de yunque, encarnan la lucha de la mujer de este lado del sur que aún tiene que vencer los avatares machistas, la convencionalidad también machista de no siempre dar un lugar a una escritora mujer en los espacios de la cultura y su realización como seres sociales de quienes tenemos mucho que aprender y contar para la construcción de una nueva región y un nuevo país. Descansa en paz apreciada poeta.
FUENTE: http://www.losandes.com.pe

LA CRITICA OPINA: GLORIA MENDOZA BORDA; POESIA Y EXISTENCIA HUMANA DE MUJER





*Giovanna Minardi

"La verdadera capacidad estética de América Latina es la de convertirse en un mundo indio". Estas palabras, casi proféticas de Gamaliel Churata creo que no se han verificado aún en el Perú "posmoderno" de las últimas décadas. ¿Existe una poesía, una narrativa, un ensayo andino? Pero, ¿es que no existen artistas en el Ande? ¿existen sólo artesanos? ¿Sólo una sorprendente naturaleza y una infame pobreza? ¿Sólo un pasado de esplendor que enorgullece hasta el más racista de los peruanos? Todo esto podría preguntarse una investigadora literaria italiana como yo, preguntas a las que no he encontrado respuestas claras, y sin embargo, todavía vive un presente andino hecho de desprecio, olvido y sarcasmo hacia el hombre y la ciudad de la sierra.

Este es el Perú que he visto, recorrido y sobre todo leído. No veo un atisbo de nuevo indigenismo, no veo un Arguedas, no veo un Gamaliel Churata, no un Mariátegui; el panorama literario y poético peruano, si bien con el ascenso y reafirmación de voces femeninas, es casi exclusivamente urbano. Todavía me choca el injusto desbalance entre el centro y la periferia; que me conste, no hay una sola institución en el Perú dedicada a la propagación, conservación, difusión de la literatura que existe fuera de Lima. Y este desprecio feroz por la cultura indígena -andina o urbana, serrana o costeña, nativa o amazónica, o como queramos llamarla- se refleja en la ausencia clamorosa de una "inteligencia" que desde el sector público o privado apoye la creación andina.

Por todo eso acepté encantada la propuesta de Gloria de presentar su libro, aunque mi especialidad es la narrativa y no la poesía. Pido disculpas por el status de mis palabras, que son sólo las de una simple lectora de poesía. Conocí a Gloria en agosto del 2000; había ido Arequipa justamente con la intención de descubrir lo que escribían allí las mujeres, si existía en la segunda ciudad del Perú un arte vivo, genuino. si bien sumergido, tarea que resulta muy difícil, casi imposible desde cualquier biblioteca limeña. La impresión de esta mujer morena, casi triste, extremadamente amable y tierna, diría, no me permitió vislumbrar su poesía. Leerla fue una sorpresa.

La poesía de Gloria tiene sus vértebras precisas, sus recurrencias. Los nombres de flores, por ejemplo: "una kantuta profunda/ alegra mi camino/"; "fugaces crisantemos/ inclinan la cabeza/ hacia mi sol". La naturaleza es protagonista de muchos poemas, el alma de la poeta se diluye casi, en una íntima simbiosis, en los elementos que le ofrece la naturaleza de sus páramos. El agua es quizás la figura más frecuente -río, lago, agua viva- trazándose una clara línea simbólica: agua generadora de vida y propiciadora de muerte, mujer atormentada, nostalgia: "...Quisiera hundirme/ en el río/ que fluye/ interminablemente/ en las montañas ocultas/ de mi piel (...) solo queda/ mi antigua imagen en el agua". El agua vital, el agua amenazadora, el agua eterna, implacable, de todas maneras, es para la poeta la vida que inexorablemente hay que vivir, su existencia humana de mujer que busca su propia imagen, "busqué/ mi nombre/ en el trébol".

La infancia y la adolescencia se nos presentan en un lugar aún más perdido, aún más andino que Arequipa: Puno, punto y origen de todo inca, con un lago color azul divino y una meseta arisca e interminable. A Gloria de su pasado todo le oprime, todo es nostalgia, todo es pérdida, todo es sorpresa, aunque adivinamos que habrá sido una infancia no siempre fácil, perdida entre "Los tejados del recuerdo y el viento del río Sollata..." Sin embargo, Canto a mis cabellos expresa el tormento interior por un pasado que ya se ha disuelto pero, a la vez, el deseo de no detenerse en el llanto nostálgico; la poeta busca una nueva historia, aunque sean "nuevas islas".

Otra constante podría ser el uso de palabras indígenas, quechuas y aymaras; claro, uno podría preguntarse cómo evitarlas, si los nombres esenciales -los ríos, los toponimios, los diminutivos, los animales, los cerros- todos se llaman en quechua, todo se nombra en aymara. "Los primeros putucos; Puente Ramis; Puerto Puquis; Compuerta de Ayabacas; Yatiri aymara, etc." Pero no se puede no recordar cómo este haya sido un recurso usado por tanto aventurero literario con remordimientos indígenas que ponían un nombre indio a su corona de palabras españolas. Difícilmente hemos encontrado la transcripción literaria del mundo indígena al español sin que pierda su poesía, quizás sólo Arguedas en la narrativa y Zabala Cataño en el teatro. Gloria usa un correcto español y la inclusión de estas palabras nativas refuerza su poesía, pero también dándole, a veces, un toque de pintura naive, así como cierta inflexión poética castiza: oh maravillosa altiplanía" o "oh la apacible tarde/ de los pueblos"

Si bien Dulce naranja dulce luna está conformada por varios poemarios, que no están fechados, se ve en él una cierta unidad espiritual, cierto filo lógico o irracional, como, por ejemplo, el ya citado personaje de la naturaleza, domada e indomable: "río(...) río adentro/ balsero río (...)/ sigues en mí río/ horadando/ todos los encuentros..." Paisaje que se funde en el recuerdo, con la vivencia, con el pasado próximo y lejano: "En Huancané/ aprendió el lenguaje del vientre del lago (...) Huancané es el recuerdo de es el recuerdo de carnavales andinos..." Desde este paisaje secular Gloria puede pasar al territorio de su poesía: a la palabra poética "la persigo entre la fruta" y "reaparece/ en una metáfora/ enredada/ en la negra cabellera de mis hijas..." o a cantarle a sus heroínas -Rigoberta Menchú o Frida Kahlo- o a sus hijos, sus tesoros: "En cada arroyo/ en cada árbol/ en cada puñado de tierra/ busco un lugar para mi hijo..." o "la mirada de mi hija/ se parece/ a la memorable lluvia/ de Sicuani..."

En el poemario a Frida Kahlo, Canto a la paloma del elefante, la escritura de Gloria se ve perturbada, influenciada por la historia de las vejaciones que sufrió la pintora por parte del maestro Diego Rivera, por la asfixiante inclinación de Frida de pintarse una y otra vez hasta el infinito por su coraje intelectual y hasta por su decisión de vestirse con atuendos indígenas, algo que una artista peruana de origen andino muy difícilmente haría. Vislumbra en este homenaje poético una tentativa de buscar modelos femeninos fuertes que puedan definir una genealogía matrilineal, aunque la poesía de nuestra poeta debería quizás ahondar más en la cosmovisión simbólica femenina.

Uno de los clichés que puede tener un observador extranjero es que una poesía que se forja en el mundo andino o amazónico, además de hablar del mundo interior o de la naturaleza, deba incluir, referencias incluir referencias a la violencia social, a la devastación de un país maravilloso como el Perú, al desprecio por la cultura andina de parte de la burguesía blanca o del falso criollo, o hasta a la estafa endémica por parte de los políticos de comparsa que siguen ignorando el Perú profundo. En la poesía de Gloria aparecen tenues referencias al terror causado por el fanatismo, a la conservación de este régimen semifeudal del campesino, al machismo exasperado, no caben la venganza y la tortura brutal del indio contra el indio, gritos contra el analfabetismo, contra la tribu de niños vejados y desamparados. Su poesía de versos medidos, palabras exactas, escasa puntuación, despojada de artificios es lírica, nostálgica, introspectiva.

Como Dulce naranja dulce luna es la suma de varias épocas, de varias visiones, de varias transformaciones que sufre la poeta, y si bien su verso no es nuevo, ni "telúrico", su casi respetuoso silencio, su mirada melancólica sobre lo que la rodea, su notoria "puneñidad", le dan un peso notable en la poesía del interior del Perú, una poesía que hasta el momento resulta ser marginal, relegada al círculo mínimo de sus conocedores, y a veces, concientemente ignorada.

En Europa la publicación de un poemario es una empresa audaz que muchas veces pasa desapercibida, ya son pocos los jóvenes que compran libros de poesía, está irrumpiendo una poesía visual, mediática, una poesía espectacular o musical, mientras que en el Perú extrañamente se sigue publicando, (seguramente es más fácil, aunque no rentable), y se siguen haciendo congresos de poetas, encuentros de narradores. Entonces, creo que habría que canalizar esta fuerza, fomentar la aparición de nuevas corrientes y apoyarlas, rescatar a esta legión de literatos subterráneos que pululan en el interior del país.

Vuelvo a la pregunta inicial si es que existe una estética andina, india, nativa. Es posible que éste sea el camino de una parte importante de la literatura peruana, el de recomocerse en su pasado indígena, en su escenografía andina, en su mundo maravilloso, mágico y surreal del que nos ha dejado huellas y letras Arguedas. Y no sólo mirando el pasado o recreando el presente, sino también, y sobre todo, inventando un lenguaje, una retórica, unas metáforas e imágenes del Perú del futuro. Gloria ha abrazado esta búsqueda, su pasión, su honradez intelectual, su humildad me empujan a terminar con estas palabra "Continúa , Gloria, continúa buscando tu propio camino".

(*) Escritora, catedrática de la Universidad de Palermo, Italia.

FUENTE:http://www.angelfire.com

ARTE POÉTICA DE JOVÍN VALDEZ PEÑARANDA





Por Fernando Chuquipiunta Machaca


Leída con entusiasmo y devoción por todas las generaciones de escritores puneños, la poesía de Jovín Valdez Peñaranda es objeto de frecuentes homenajes y reconocimientos que suelen abarcar su también valiosa obra poética. El más reciente de estos homenajes es Vida y Poesía de Jovin Valdez (Arco-Iris, 2008), libro en el que el crítico y Licenciado en Filosofía y Literatura de la Universidad Nacional del Altiplano, Luis Alberto Rodrigo Castro ha reunido una amplia antología de la obra valdeziana, incluyendo completos los principales poemarios y los comentarios que sobre exploran las persistencias de ciertos comportamientos, actitudes, palabras y silencios.

Esta antología se inicia con varios análisis literarios de sus libros que muestran una gran influencia de la poesía social, tanto por los temas como por el rigor formal. A esos elementos pronto se sumarían: los aportes de los intelectuales puneños —especialmente las imágenes de Carlos Augusto Oquendo de Amat y la búsqueda de lo trascendental de Carlos Dante Nava Silva— y una lectura muy fructífera del neo-vanguardismo. Fueron apareciendo así, deslumbrantes textos, formalmente y con una gran densidad de contenidos, Visión en la Noche (1994), El anuncio de los Búhos (2002), entre otros.

En esta primera etapa destaca nítidamente Sólo los Rastros (1997), conjunto de poemas que obtuvo el elogio unánime de la crítica y que es considerado uno de los libros claves de la poesía puneña del siglo XX, pues, instauró un novísimo patrón de belleza audaz y renovadora en nuestro medio ambiente. La alta calidad literaria del poemario le valió a Jovín Valdez Peñaranda obtener el Primer Puesto de los Juegos Florales en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa en 1977. A los 25 años de edad, ya era el más destacado representante de una generación poética, la del post-modernismo, de la que formaban parte nada menos que José Manrique, Francisco Pacoricona Villasante, Jorge Flores Áybar, Alberto Valcárcel Acuña y Serapio Salinas; y a la que después se unirían, entre otros, Boris Espezúa Salmón, Pacha Jatha Willka, Lolo Palza Valdivia y Alfredo Herrera Flores.

No cabe duda, que Jovin Valdez Peñaranda es considerado el más importante poeta puneño vivo y sobre todo ha escrito ensayos sobre temas literarios, artísticos y culturales en general. Sin embargo; se creía saber que había abandonado definitivamente la literatura, pero comenzó a dar a conocer, a través de revistas, una serie de textos en los que sus poemas se mostraban radicalmente diferentes, sin perder calidad, acercándose más a lo coloquial y prosaico. Esas glosas rimadas después pasarían a integrar al libro: Mansión del Habitante (1998), y llegando hasta su libro más reciente, Poesías Escogidas (2006).

Completan el libro con un brevísimo comentario, y una detallada cronología de la vida del autor, en la que se precisa la información acerca de sus numerosas contribuciones sapienciales realizadas tanto en Moquegua y en Puno como en Arequipa. También se incluye una amplia trayectoria de apreciaciones de sus obras poéticas que nos permiten comprobar los estrechos vínculos entre las diversas facetas creativas de Jovín Valdez Peñaranda.

En síntesis, con sus más de 210 páginas, Vida y Poesía de Jovin Valdez —libro editado por el celebrado escritor Luis Alberto Rodrigo Castro— es una excelente oportunidad para aproximarnos al valioso universo literario y artístico de Jovín Valdez Peñaranda, creador total.

Poéticas andinas, Puno por Mauro Mamani







Por: Gonzalo Espino Relucé

Hace algún tiempo comenzamos hablar de poéticas andinas para testimoniar la complejidad de la producción poética en los andes. Allí donde la palabra es cosmo y sentimiento andino, al tiempo que supone el impacto de la modernización y los tránsitos de lo indígena – andino sea en su afirmación como andino quechua o aymara o, si se quiere, para dar cuenta del uso de la letra para entablar una comunicación -que por momento parece un soliloquio- con el otro, una letra que no solo es el quechua sino la apropiación del castellano por los andinos.

Así Poéticas andina, Puno de Mauro Mamani Macedo llega en un momento importante. Llega con una lectura notable del proceso poético que se ha dado en el sur del país. No se detiene en el recuento histórico sino en el proceso y maneras como la poesía ha sido y es realizada en los alturas del Titicaca. Propone una lectura de las más interesantes presentaciones de la poesía puneña del siglo XX, por eso, en sus páginas el autor nos invita percibir las tensiones y sensaciones del lirismo y las aventuras formales que van de la vanguardia poética y los Orkopatas (Gamaliel Churata, Alejandro Peralta; Inocencio Mamani; Carlos Oquendo de Amat y Dante Nava), a la voz india de la poesía de Efraín Miranda, como aquellas que emergieron en los 70 (Omar Aramayo, José Luis Ayala y Gloria Mendoza Borda) o el registro de una de las voces de las penúltima generación de poetas puneños: Boris Espezúa.

Poética andina, Puno se convierte en un referente necesario para comprender la poesía que se produce en Puno, notifica la tradición y la continua renovación de la poesía que se da desde ese espacio de enunciación – sea como espacio real o como lugar de referencia virtual- así como sus relaciones con lo mejor de la tradición ancestral y aquella que nos viene del mundo moderno.
Poéticas andinas, Puno, de Mauro Mamani Macedo, es, sin duda, un libro necesario por ese diálogo entre la intensidad de la pacarina y la aventura –existencia, caótica- moderna de la poesía que se escribe en los andes.

26 ago. 2009

Alfredo Herrera Flores




Radica en Arequipa, donde estudió Periodismo y Literatura y comenzó su trayectoria intelectual, publicando desde 1986 artículos de opinión y cultura en el diario El Pueblo y su primer libro, "Etapas del viento y de las mieses".

Como periodista fue editor general del diario "Arequipa al Día", editor de política e información internacional del diario "Presencia", de La Paz, Bolivia, además de corresponsal de diversos medios de comunicación nacionales y extranjeros.

Su interés por la defensa de los derechos humanos lo llevó a trabajar en la Defensoría del Pueblo de Arequipa y luego fue designado como primer Representante del Defensor del Pueblo en Puno, entre los años 2001 y 2003. Antes, en 1996, ejerció como director regional del gobierno regional de Puno.

En la actualidad se dedica a la actividad privada empresarial en los campos de la educación y la televisión, a través de una entidad de capacitación ciudadana (Coordinadora de comunicación y desarrollo ciudadano, Aporte), una institución educativa (I. E. O. Indira Gandhi) y una canal de televisión (CDM Canal 12), además de seguir publicando artículos de opinión en política, comunicación, cultura y literatura en diversos diarios y revistas nacionales y extranjeros.

En el ámbito de la literatura, poemas suyos fueron publicados en Alemania, en 1988, que luego integraron su libro "Recital de poesía" (Arequipa, 1990). En 1995 publicó "Elogio de la Nostalgia" (Lluvia editores, Lima) con prólogo de Pablo Guevara y en 1996 "Montaña de jade" (Ediciones Copé, Lima) libro con el que ganó la Bienal de Poesía Premio Copé de 1995.

Seis años después, en el año 2002, publicó "Mares" (Lago sagrado editores, Lima), y en el 2006 se publicó "Rosario a las seis" (cuento), en el libro "Historia del Jabón y los cuentos finalistas de la Bienal de Cuento Premio Copé 2005" (Ediciones Copé, Lima 2005).

Es hasta el momento el único autor puneño en ganar el prestigioso Premio Copé, en el que varios narradores y poetas puneños han sido finalistas y obtenido menciones honrosas.

Su obra aparece en diferentes antologías, entre las que se destacan "Poesía del Siglo XX", de Ricardo Gonzales Vigil (Ediciones Copé, 2 tomos, Lima, 2000); "Poesía Viva" (México, 2005) con ocasión de la feria del libro de Guadalajara; "Antología comentada de la literatura puneña", de Feliciano Padilla; "Personajes puneños", de René Calcín; "10 años de literatura puneña", de Jorge Flores Aybar; "Antología de la poesía puneña", de Omar Aramayo, entre otros.

Ha sido ponente en diversos congresos y encuentros sobre literatura, periodismo y derechos humanos, tanto en el país como en el extranjero. Trabajos suyos aparecen también en diversas publicaciones literarias y culturales, impresas y electrónicas.


Dos poemas de Alfredo Herrera Flores.

LAS SÍLABAS DE TUS NOMBRES

Las sílabas de tus nombres infinitos, de infinitos nombres,
Son cascadas de agua, dispersas, únicas,
Lagos, arroyos, lagunas, ojos de agua,
Suenan como un río desbordado.

Aparecen y desaparecen.

Vienen de lejos
Con avisos, adioses
Que llegan: tiempo.





MÍRALAS

Míralas, se mueven,
Oscuras y obstinadas las montañas,
Frías y duras en la cima,
Abiertas y acogedoras en la sima.
Desfilan de sur a norte, hacia oriente y occidente,
Envueltas en fuego.

Furiosamente se inventan
En cada trozo de piedra, roca o arena,
Espina o tronco,
Y a cada segundo, minuto o siglo,
Aparecen y desaparecen, las malditas.

Era cuestión de tiempo, Cordillera,
Te debo el iris claro con que se embriaga mi violento corazón.

¿EPÍGONOS O EXQUISITOS?: EL TURNO DEL POETA







Por Darwin Bedoya

¿Hay en la genialidad del poeta gérmenes de locura?, ¿qué se puede esperar, al fin y al cabo, de un poeta o de la poesía misma?, ¿vale, siquiera un bledo, la poesía en estos tiempos?, ¿para qué sirve la poesía? Cuando a un niño le preguntan: ¿Qué quieres ser cuando seas grande? Lo más seguro es que dirá Doctor o Presidente o Ingeniero; estamos seguros que jamás de los jamases responderá «yo quiero ser poeta» y, sin embargo, los poetas no son pájaros extintos. No son esa «rara avis» que se encuentra solamente cuando la luna refleja, por milenio una sola vez sobre la escarcha de una hoja de malvas y se puede ver un sacudimiento de plumas brillando sobre la piel de un ciervo, esa luz que precisamente por error brincó por allí, no. Los poetas están aquí, en cada palabra, en cada silencio.

La poesía puneña como cualquier otra poesía en el Perú, Latinoamérica o el mundo, ha vivido y vive su propia metamorfosis. Ha tenido sus cambios y regresos. Sus altas y bajas. Sus luces y sombras. Sus ovejas negras y sus habitaciones de marfil. Para de algún modo entender este proceso quisiera hacer un breve detenimiento sobre un momento importante de nuestra poesía: «La promoción intelectual Carlos Oquendo de Amat» integrada esencialmente por Omar Aramayo, José Luis Ayala, Percy Zaga, Gerardo García, Gloria Mendoza y Serapio Salinas, particularmente quiero detenerme en la poesía de Percy Zaga Bustinza (Puno, 1945), profesor y promotor cultural, pero, sobre todo, poeta y narrador; tal vez el más descollante de este momento literario de la poesía puneña.

Después de que los aullidos lautreamonianos, los sollozos verlinianos, los arcanos mallarmeanos cerraran el s. XIX, tuvo que suceder que años después Guillaume Apollinaire abriera con «Alcoholes» (1913), la nueva poesía contemporánea. Sin embargo T. S. Eliot retomaría aquel reducto de erudición y pureza que Mallarmé dejó abierto desempolvando páginas desde la Biblia hasta Baudelaire para crear uno de los monumentos literarios de la poesía del s. XX. Es desde este siglo que la poesía peruana empieza a tener un nuevo rumbo estético, descoyuntural y perecedero: aparece el simbolismo y las vanguardias y es desde este espacio que el poeta Zaga toma como espacio o punto de referencia su poética signada por cierto espíritu vanguardista que va cubriendo como un manto casi toda su obra poética; sin embargo, como dijera Omar Aramayo, en su poemario «Mi ciego, mi gallo y tú» (2003), hay cierto «ligero golpe de timón» que radica esencialmente en un quiebre de su exaltación temática anterior (A diferencia de buena parte de nuestra poesía más reciente, nosotros habremos de contar con la manera de cómo ha sido construida la conciencia de cada lector. Después de sus poemas de corte social, ha aparecido un nuevo poeta en Zaga que, a pesar aún de tener un «nuevo rumbo», no ha dejado del todo su sino anterior, lo conserva como una bandera), para mostrarnos una nueva impronta que más concierta con la prédica de lo que rezaba Bataille: potencialización de la sorpresa y del misterio de lo cotidiano en la voz.

En este conjunto de versos reunidos en «Mi ciego, mi gallo y tú» se puede percibir una cierta violencia semántica en el sentido de asumir las imágenes con un signo concreto, en esa especie de dureza con que va fluyendo el discurso del yo poético. ¿Acaso un malditismo secreto?, ¿acaso una poesía en clave?, ¿quizá una leve sombra de crítica social e ideológica?, ¿tal vez un presagio o una ironía de erotismo gastado en el tintero…? Posiblemente con este conjunto de poemas el autor de «Mi ciego, mi gallo y tú» sea un poeta «rupturista» en la inmensa calma y lirismo de la tradición poética puneña. Tal vez, en cuanto al tema, «Falo» de Armaza sea un pequeño referente. Pero no por eso la poesía de Zaga deja de tener un temperamento, una fuerza incólume que de por sí gravita en un enunciado expresamente cabal. No es éste el típico libro que el mandato dicta que un poeta debe escribir; ni los señoritos del amor, ni los intelectuales posmodernos. Los poemas son directos y procuran el asombro: «Róeme rata hermosa, esta entraña terca, / este hueso duro y este ojo tuerto», la carga significativa y escrituraria de estos versos nos recuerdan que la poesía existe porque este conjunto de poemas es el alejamiento de la calma y la parsimonia para entrar en una turbulencia de música más deslumbrante donde el autor proclama la autonomía absoluta de la escritura, de la poesía. El proyecto tácito de «Mi ciego, mi gallo y tú» parece ser hacer poesía y hablar poesía con lo que no se dice y no se habla o con lo que todos saben y no lo quieren decir, a través de poemas que reafirman en cada trazo el gesto de quien no cesa de pertenecer a una tradición que llamamos vanguardia. Al autor de este conjunto de textos no le hace faltar luchar con el lenguaje, no obliga a la palabra a ser y decir algo que no figure en su sentido estricto.

Luego de haber publicado «Poemas» (1998), su mejor poemario vanguardista a nuestro juicio; la poesía de Percy Zaga guarda siempre un orden de reserva, que atrae, a su vez, la demora de quien mira, lee, escucha, como una reverberación de esa misma atención que el poeta pone en juego; espejo que no termina de atrapar el reflejo cuando ya está proyectándolo bajo otra luz, el poema conserva su impulso oracular, su apetencia de entrar en el tiempo creando atajos que desarticulan la sucesión de la cronología y el ritmo de la vigilia: «Mi sueño y tu sueño y el sueño de / los justos / para convertirlo en trizas de cartón / o en botes de papel para los niños».

Si la renovación de la estructura poética se debe fundamentalmente a Poe, Whitman y Dickinson con la difusión de versos libres, también hubo otra revolución que surgió, como señalé líneas arriba, con los simbolistas y añado algunos más: Verlaine, Nerval, Rimbaud, Laforgue, Lautrèamont y Valèry. Sin olvidar obviamente a Rilke o a Yeats. No podemos dejar de mencionar la valía inmensa que adquiere la vanguardia en Carlos Oquendo de Amat y, en consecuencia, en la poesía que escribe Zaga. No podemos olvidar el surrealismo de Breton, Apollinaire, Aragón o Eluard y el lacerado grito de Artaud que trasladarían el eje, ubicado en la razón cartesiana, a la razón de la irracionalidad, esa aparente paradoja. Tampoco el imaginismo de Eliot o Pound, el hermetismo vanguardista de Ungaretti, Saba, Montale o Quasimodo, la poesía soviética de Esenin, Pasternak, Evtuchenko (leída ampliamanete por Zaga, tanto o más que la del mismísimo Vladimir Maiakovski), Ajmátova o Mandelstam, la vanguardia española de Aleixandre, Cernuda o Hernández, el alemán Hesse, el griego Elytis, el inglés Dylan Thomas. Tiene su propia importancia el neorrealismo italiano de Pavese, los estadounidenses Frost, Stevens, Williams o Marianne Moore, los hispanoamericanos Vallejo, Neruda, Paz, Huidobro o Parra, el portugués Pessoa, los brasileños Drummond de Andrade o Bandera; es decir, aquí confluyen las distintas vertientes que conforman decididamente una nueva poesía que pasará por los años como por los siglos y la mencionamos porque de ella bebió la poética del ignoto «leader» intelectual de «La promoción intelectual Carlos Oquendo de Amat».

Finalmente, la poesía de Zaga nos confirma, una vez más, lo que decía Robert Duncan: «La poesía es un acontecimiento, no el registro de varios acontecimientos». El tiempo. Los tiempos, el tiempo, los tiempos. Sí, aquí hoy a la poesía no se le otorga un pelo de importancia. Pero la poesía nunca ha necesitado de nadie para ser ella. Ni siquiera de mujeres para ser ella. Pero ella se acuesta aquí, desayuna aquí, lava su ropa aquí, amamanta aquí, se procrea aquí, vive aquí, enjuga sus lágrimas aquí, agoniza aquí y no morirá nunca aquí ni en ningún lugar. Sin embargo, debería inquietarnos lo altamente inofensiva y lenta que resulta la poesía actual. Todo parece confirmarnos que nuestra última poesía carece por completo de temperamento. Inmune al asombro, parece que se escribiera en un tiempo formado sólo por consecuencias y sueños bajo la luz de la luna. La poesía no se sacia en nadie ni con nada. La poesía es un secreto que todos saben. Entonces ya no es un secreto, claro. Para mayores señas, concluyo con estas palabras de Quique Falcón: «Apenas hemos comenzado a explorar las bases de las nuevas estructuras de nuestro tiempo, y los poemas de nuestros valores juveniles nacen, desde el comienzo, completamente saciados».


Dos poemas de Percy Zaga

IV

A este nuestro largo grillo
que tanto con su cola blanca
osa quitar al sol su luz y que luego
en la mañana destruye con su aliento
mi sueño y tu sueño y el sueño de
los justos
para convertirlo en trizas de cartón
o en botes de papel para los niños.

Grillo! Le digo
le cierro un ojo, le limpio la calva,
le meneo los pelos de mi cola
y le tuerzo la lengua hasta que
muera.
El grillo lee luego el diario,
come los bizcochos de mis niños
se lava los pies en agua limpia
y pregunta por la hora exacta
ah! Grillo mío, tan feo, tan bueno,
tan tierno
como llegaste has de morir
solo y colgado de una crin.

V

Róeme rata hermosa, esta entraña terca,
este hueso duro y este ojo tuerto,
y estos brazos tiesos que aguardan
la madrugada imposible que añoran.

Consume en tu pira mis huesos,
tritúralos y sus cenizas hecha al río más hondo;
cabalga de tu bestia, sus cascos en mi vientre,
y enmadeja mis entrañas en tus crines.

Destruye mis cabellos, quema mi boca,
golpea mi lomo, castiga mis plantas,
mis venas destroza y ultima mi sexo,
mátame diez, veinte, cien mil veces…
y deja que los buitres devoren mis carnes…

Pero no toques nunca más, oh, rata
oh, dulce, tierna y añorada rata mía
no toques nunca más mi pecho,
ni controles los mal latidos de mi corazón.

23 ago. 2009

LA POESÍA EMERGENTE DE BORIS ESPEZÚA SALMÓN.





Por: Fernando Chuquipiunta Machaca

Desde hace buen tiempo, Boris Espezúa Salmón publicó su último libro de poemas "Tiempo de Cernícalo", que tuvo una grandiosa acogida por parte de la crítica nacional, y asimismo se mostraba como un poeta integral, capaz de crear versos breves e intensos, con un lenguaje muy metafórico. Pero esta vez, Boris Espezúa Salmón se sumerge en el universo de los derechos humanos con La Protección de la Dignidad Humana (Editorial Adrus, 2008), nuevo libro donde escribe reflexiones sobre diversos temas del aspecto constitucional. Conversamos con él para conocer su opinión acerca de la importancia que tiene la poesía en Puno, la situación de la literatura actual en nuestro entorno y la nueva hornada de jóvenes talentosos puneños aparecida en los últimos años.

¿Qué es la poesía?

- La poesía es un compromiso visceral entre el poeta, la belleza de la palabra y la vida. Y en el correr de la práctica poética se va adquiriendo el compromiso social y personal con la obra. La poesía es fundamentalmente la expresión del ser ante el cosmos, es el arte de hacer belleza y conciencia con la palabra.

¿Se considera usted ser un poeta en Puno?

- Considero que estoy en proceso de serlo, cuando haya escrito y publicado mi obra fundamental estaré convencido o no de serlo.

¿Existe alguna diferencia entre la poesía clásica y contemporánea?

- El tiempo. El clasismo siempre será parte de la tradición, y el contemporáneo parte de la novedad. La diferencia siempre existirá, ninguna es mejor o peor cosa que la otra, solo es un asunto de puntos de vista y de ubicación de tiempo.

¿Cuáles son las nuevas tendencias literarias?

- Aparte del Surrealismo, las corrientes Deconstructivistas, no se conoce más, lo que no significa que lo nuevo también sea la mezcla de la tradición y lo innovador, que es también una forma de ser moderno.

¿La escena política está inmersa en la poesía peruana?

- Es parte de la formación y de la expresión. Pero, no debe ser un estilo y prioridad expresiva, debe ser su contenido, su fundamento, dicho con belleza, humor, metáfora, sin panfletarismos, ni demagogias. La poesía de Vallejo es poesía política por ejemplo.

¿Qué poetas te han formado?

- Los autores que leí fueron clásicos: Rubén Darío, Becker, Neruda. Después leí a todos los surrealistas y descubrí a Carlos Oquendo de Amat, a Alejandro Peralta y al propio Churata. Ahora me interesan los poemas de Jorge Luis Borges, Mario Benedetti, Lautreamont y de mi gran amigo Tulio Mora. Los que te influyen tienen su momento, cuando se trata de búsqueda, y cuando se trata de mayores compromisos temáticos, son permanentes como Vallejo, Octavio Paz o Baudelaire en mi caso.

¿Qué proyectos tienes para más delante?

- Tengo en proyecto el poemario “Gamaliel” que deberá salir a fines del presente año y otro libro en prosa poética, sobre la interculturalidad del país, que espero que salga en el 2010.

¿Algún mensaje para los nuevos poetas en Puno?

- El abordar la poesía no es ocasión, ni buena intención, es transpiración y convicción. Se aborda con el cerebro y corazón, y con el compromiso permanente de seguir hasta el final. La poesía para los jóvenes debe ser complementaria a su realización y a su formación académica, después de ser una vocación, que termine siendo parte de su vida y de su razón de ser, aquél que crea que la poesía es inspiración de momentos, no hace bien a la poesía, la poesía no quiere que lo lloren, quiere héroes que lo enaltezcan.

Por último ¿Conoce usted la producción poética en Huancané?

- La poesía huancaneña tiene tradición poética, tiene exponentes como José Luis Ayala Olazával, Glorira Mendoza Borda, Julio Aberlado Luza Gironzini, Leoncio Luque Ccota, Fidel Mendoza Paredes y Gabriel Apaza Mamani que deben ser íconos para las nuevas generaciones. Su escenario natural y carácter festivo de Huancané le da ingredientes mayores para que la gente haga arte. Es la nueva generación la que tendrá que llevar a Huancané a otro pedestal que no sea sino de ser uno de las mejores provincias de Puno, que como alguna vez fue Juli o Pomata, dieron mucho aporte cultural a Puno y al país.

DATOS BIOGRÁFICOS:

Boris Espezúa Salmón (Juli - 1960) Ha publicado los siguientes libros: A través del ojo de un hueso, Transito de Amautas, Alba del Pez Herido, Tiempo de Cernícalo y La Protección de la Dignidad Humana. Poemas suyos han sido traducidos al inglés y francés, por John Oliver Simón y Montserrat Fito respectivamente.

EL VIENTO QUE ME ESCRIBE. LA POESÍA DE VICENTE BENAVENTE


Por Darwin Bedoya


«Unos días soy dios, unos días poeta, otros ángel;
la mayoría de veces demonio, pero siempre soy yo».
J. L. Curties

Walter Benjamín en su «Diario de Moscú» escribió: «Un lugar no se conoce hasta no haberlo vivido en el mayor número posible de dimensiones. Para poseer un sitio hay que haber entrado en él desde los cuatro puntos cardinales, e incluso haberlo abandonado en esas mismas direcciones». Vicente Benavente Calla (Juliaca, 1926) es el poeta que no sólo vive en Juliaca y la conoce más que a la misma palma de su mano, sino que también es el cantor de Juliaca. Benavente lleva a cabo, por fin, la verdadera mirada poética de los referentes que tiñen su pueblo y se coloca cara a cara con su propia vida y su entorno en el altiplano. Desde «Julia» (Poemas de 7 estancias, 1954) Tipografía Molleapaza, Juliaca; hasta «Raíces del viento» (Antología poética, 1997) Editorial Cielo y tierra, Juliaca; en su obra poética subyacen como una trilogía la triple alianza de los elementos que vertebraban su quehacer literario: el tiempo —la memoria— el homenaje.

Toda obra literaria supone un acto de comprensión y de interpretación del mundo operado a través del lenguaje. Nuestra comprensión de una obra literaria es un proceso siempre inconcluso, donde la semiosis de la interpretación permanece siempre abierta. Sin duda, nuestra interpretación de una obra literaria se basa en la presuposición de que toda obra literaria nace de un acto voluntario en tanto que conjunto, y que se caracteriza por una particular dinámica de la composición: desde los elementos al conjunto, y del conjunto a los elementos. En cada elemento de la obra se encuentra el conjunto, y en el conjunto se encuentra cada elemento. Por eso, sólo cuando la obra literaria es comprendida y captada en su conjunto, es susceptible de abrirse al lector y de entregarle el secreto de su mensaje literario.

Este cuarto elemento de la poesía de Benavente, homenaje, es —no hay duda para ello—, uno de los referentes mayores que aflora en toda su producción poética. La amalgama de su verso no es sino el grito modulado del hombre en su largo camino hacia el silencio. Es la manifestación de su impotencia para mantenerse en el silencio primordial de las cosas. La poesía de Benavente define un tipo de mirada. Una mirada que tiene que ver con el nexo entre homenaje y vida, con el ensanchamiento y la acumulación de los sentimientos. El aura poética de Benavente consiste, sobre todo, en enumerar pacientemente las pequeñas y las inmensas cosas. Los tejidos, los tokoros, los colores, los cerros, las pampas, los aromas, las distancias, los sentimientos, el viento; todos entran y salen: los tiempos, las inmensidades, las ausencias, los amores, las ruinas, todo cabe en el poema. Todo se vuelve poesía. La particularidad de Benavente es el hecho de saber adentrarse en sus propios interiores. La única forma de ser poeta es ser uno mismo. Cuando el poeta intenta ser los otros, gustar a los otros, sorprender a los otros, deja de tener valor su poesía. La autenticidad de la poesía es el descubrimiento radical del recorrido por las miserias humanas, de nuestra debilidad congénita, de nuestra inmersión en el abismo de nuestra condición, de nuestra muerte cotidiana. La obra del poeta tiene valor sólo si descubre que su experiencia en la vida está al servicio de evidenciar nuestra frágil condición.

A las figuras artesanales de la calcetera y el machuaycha y chiñipilcos, de la que comercia con tejidos y calcetas, el poeta agrega otras que atan infancia, lenguaje y maternidad vinculando de algún modo la persistencia de la identidad grupal al ciclo natural de la repetición genealógica que mantiene unida la cadena de herencias que conforman el espacio familiar. Si bien es cierto que el espacio geográfico juliaqueño repite el primer gesto humano de manifestación de poder ante la naturaleza: recortar una parcela de la continuidad e infinitud del espacio y configurar un sentido conforme a una unidad específica, en la poesía de Vicente Benavente, este gesto evoca tanto la cadena asociativa del refugio, como la del encierro y la finitud.

En palabras de Bachelard, el espacio geográfico es calabozo y es mundo. Podemos extender esta afirmación del filósofo de un modo simple: la tradición es relato que incluye y excluye al mismo tiempo. Funciona como el nexo que permite reivindicar el hilo de la memoria, y al mismo tiempo como una especie de ghetto, de encierro que atrapa, que separe, que inscriba fuertemente su ley. Así es la poesía de Benavente. Es cierto que cada época exige una nueva manera de pensar y asumir el mundo y que sostener un proyecto poético en torno a una sola perspectiva resulta prácticamente imposible. Pero en lo referente a esa tradición, nunca ha estado más viva que en las últimas décadas. La poesía juliaqueña de nuestro tiempo mira y actúa y siente muy diferente de la poesía de cualquier otro periodo de la historia. Aunque, es verdad que los cultores de poesía en Juliaca sean poquísimos, para enumerarlos, los dedos de la mano sobrarían. Sin embargo, la verdadera poesía o el verdadero silencio es el que traza el olvido sobre la obra que no llega a su público y sobre el autor privado de la capacidad de publicar y de conectar con sus lectores. El silencio como gesto en el artista contemporáneo se desarrolla como una aporía, pues, heredada del romanticismo y no resuelta por las estéticas del siglo XX, que alargan el debate de la ruptura vanguardista a medida que ya vamos llegando a la conclusión de la primera década de este nuevo siglo.

Hay momentos en que la poesía de Benavente recupera la inocencia de la infancia como un momento en el que el poeta simplemente ignora la corrupción del tiempo y de la historia. La memoria abre una ventana en el tiempo para ofrecer una imagen de realidad que se articula a través de la primera persona, a través del poeta que inicia una meditación al declinar el día, al atardecer, y continúa en un ambiente nocturno de estudio. El viento, como si fuesen hojas secas trae los días pasados y comienza como un monólogo el discurso poético de Benavente, pero gira fuera de la memoria privada para afirmarse cual columna de imágenes tatuadas en la piel del tiempo, entonces ya no es la simple voz del poeta, sino la voz del tiempo que toma conciencia del momento en que escribe, no sólo de su escritura, también de su vida misma. El acto poético es un acto visionario, un reconocimiento, un destello que muestra la doble condición del mundo: la verdad y la falsedad. Lo que ahora se ve, como revelación, como redescubrimiento, hace retirarse con su destello a la oscuridad reinante anteriormente. La epifanía ahuyenta la mentira, retira el velo. Se hace la poesía. La poesía del homenaje y la memoria de Vicente Benavente toma como punto de partida su mirada atenta, su sentir profundo, su amor a su espacio, a su hábitat, si bien es cierto que una geografía que supone el elemento contrario a la soberbia humana, una naturaleza que es misterio y origen, sobre todo sencillez, a la que sólo es posible acceder a través de ese pensamiento que se instala en lo mágico, en un orden extraño y, a la vez, natural. Es extraño para nuestros intentos de comprensión racionales, pero es natural porque está en la base de lo primordial, de los movimientos internos que rigen la vida misma del poeta y de cualquier mortal.

Quien custodia los restos de la memoria, del pueblo, del hogar, del entorno familiar, siempre tiene en cuenta la verdad de que nada de lo que alguna vez aconteció puede darse por perdido completamente. El pasado lleva consigo un secreto índice que permite la redención. Como diría Walter Benjamín: “¿Acaso no nos roza un hálito del aire que envolvió a los precedentes? ¿Acaso no hay en las voces a las que prestamos oídos, un eco de otras, enmudecidas ahora?” Para quien los custodia, los restos no son nunca ruinas, sabe, como Benjamín que hay dimensión abierta e indeterminada en el pasado que en el presente pueden desatarse a porvenires múltiples.


Poemas de Vicente Benavente

Viva la luz

Como un árbol pasa la noche
y casi inclinada en los ojos
se abre contigo la puerta
que transparenta todo sueño.

Algo se abandona en el silencio,
algo que vive relata el corazón.
Un pedazo de piedra en el río
habla en nombre de una golondrina.

Los aires peinan tu cabellera
dormida en el reloj de espejo,
tus manos en la primavera
son flores que alcanzan tu hermosura.

Recién entendida, contempla la sed.
Costras de una tierna escultura,
alas de ave que persigue la vida
en alta voz hasta la fantasía.

Pero tú en el verde de la tierra,
en el grito que sacude los cristales,
sola me dices aferrada a la brisa:
¡Que viva la luz en la piedra más sencilla!


Desde el silencio

En el irme lejos
pienso llevarme el día,
la mañana
Entre la humedad del hueso, y
verme solo en la distancia,
guardar mi pena
cerca de los hombres,
llenar mi voz desierta
en el monólogo del surco
hasta buscarme en el silencio.

Tú la ausencia,
tú la presencia;
digo la lluvia,
la inmensa risa
goteando el agua
en la misma rosa.

Que esta hora comience
en las manos descubiertas del hombre,
que vierta la sangre
la semejanza de la dicha,
que así amanezca
el espacio en el alma.

Que abrigo del hombre
la noción de algo,
de algo en que viene sencilla la noche
y que así tiemblo
de jugar con tu ausencia.
ver mi amor con tu presencia.
(1956)

(*) Texto leído el 15 de abril en el Salón Consistorial de la Municipalidad Provincial de San Román con motivo de recordarse el DÍA DEL POETA, además, este mismo día, la ANEA San Román, le confirió a Vicente Benavente, el «Premio Carlos Oquendo de Amat a las letras» en el género de poesía.

GAMALIEL CHURATA: EL INSURGENTE SILENCIO





Por Arthur Zeballos Herrera

Hay una correspondencia extraña que se repite en ciertos sucesos subjetivamente trascendentales. Nudos o tensiones equidistantes adosadas sobre planos verticales que observamos con cierta desconfianza. Coincidencias atadas por algún numen primitivo, proteico y delirante o, en el entendimiento de Pascal y la repetición metafórica de Jorge Luís Borges, por una esfera “cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna”.

De tal forma se configura la obra de Gamaliel Churata, llena de esas extrañas coincidencias que pueden provocar raras o previsibles actitudes y que ahora, para la extravagancia, resumo en dos; ambas distintas pero complementariamente necesarias dentro de la realización de un mito subterráneo en la literatura nacional. Por un lado, el amplio espacio del desconocimiento y la desidia alimentado desde un foso de desgracia, y por el otro, angosto y reducido, la teodicea hacia un escritor que es el principio y fin de la estética más antisistema y vanguardista de nuestro país.

El Pez de Oro, cuyo autor nació en nuestra ciudad un 19 de junio de 1897, texto que fue quemado en su primera versión por una célula fascista en Puno el año 1927 cuando al país le brotaba purulentos los designios del castellanísimo Augusto B. Leguía y Salcedo, encontró el año 1957 al fin el papel y tipografía que redimieran a su tallador como excelente narrador, poeta, ensayista, pensador, político y militante. Treinta años después —y vaya usted sacando su cuenta— la municipalidad de la ciudad de Puno, ciudad cede de la más alta vanguardia sur-andina, reeditó el texto en una edición que ahora es inhallable.

Ese velo que se cierne sobre esta obra —30 años entre nudo y nudo—, su actual condición de inhallable, el silencio típico de la crítica centralista, no la dejó de atribuir persistentemente a esa esfera espantosa de la cual habla Pascal y Borges. Y es que algo sobrehumano y sin lógica llueve y humedece la obra de Churata, algo que excede en forma los parámetros de lo permisiblemente occidental. Entiendo, con Agustín de Hipona, que lo divino no se encentra fuera, sino en el propio ser que lo contiene. Y El Pez de Oro, es descabelladamente divino, es el gran mito del todo absoluto que está en las raíces antropológicas de la cultura. Es en sí mismo un absoluto porque su tallador la genera a partir de su mundo andino vegetativo. Utiliza lo que encuentra a su alrededor y pronto lo hace instrumento. Lo que sigue es la mitologización del instrumento, del texto, es decir, en palabras del propio Churata, “del fruto artificial, y ello aunque absurdo y paradojal aparentemente, es posible, en sus consecuencias, el de mitologización es un proceso de diferenciación y de síntesis, por tanto de utilidad, y [el texto] es aquel episodio sensorial en que el hombre ha materializado sus entelequias. Por este camino el hombre se encamina a la formación del hombre”.

A partir de esta posición ética, estética, ideológica y política es que Churata se va haciendo terriblemente lejano. Es más, pierde su individualidad. Muy temprano deja de llamarse Arturo Peralta Miranda (nombre asentado por sus padres y que lo emparientan con Alejandro Peralta, otro de los hitos de la vanguardia puneña y con quien forma el grupo Orkopata) para tomar el nombre con el cual místicamente hoy le conocemos. El destierro es físico y pronto coloca su pensamiento bajo Bolivia. Del Perú lo aleja la dictadura de Sánchez Cerro, el militarismo civilista de Oscar Benavides. Lo aleja, me animo a decir, la segregación cultural, el desprecio por el indio y todo lo que lo conforma. Ya en Bolivia su labor se hace más beligerante a través del periodismo. A su vuelta los planos son distintos y entonces su obra se cubre de silencio. ¿Quién podría comprender el absoluto de El Pez de oro? Apenas algunas aproximaciones se ven en la escena, pero como indígena, aborigen y salvaje es su propuesta, Churata asusta y nadie se le acerca.

Hay una correspondencia extraña entre la obra de Gamaliel Churata y el silencio, una correspondencia que se proyecta en planos infinitos hacia la razón de quien ha entrado en el vértigo de su escritura, de su pensamiento y política. Porque ante el absoluto no nos queda otra cosa que el insurgente silencio.

10 AÑOS DE LITERATURA PUNEÑA DEL ESCRITOR JORGE FLÓREZ-ÁYBAR



Por Fernando Chuquipiunta Machaca


Volumen sustancioso, 10 Años de Literatura Puneña (1996-2006) prueba contundentemente que Jorge Flórez-Áybar (Puno, 1942) no es sólo uno de los escritores andinos sino uno de los mejores cultores del ensayo de talante literario en las letras puneñas y, en general, en las letras peruanas. Si como novelista se caracteriza por su versatilidad temática, estructural y discursiva; convergentemente, como ensayista, asume la flexibilidad del ensayo, desplegando sus posibilidades de hibridez intergenérica, conforme lo expone en su libro La novela puneña del siglo XX (1996): “género novelístico donde todo puede caber: sobre todo los pensarmientos que navegan de las memorias dramatizadas cuyas descripciones son composiciones analíticas del quehacer literario”. De modo general, cabe sostener que en las páginas sacras de este hermoso libro, exhibe la óptica ideológica del dominio formal, aunque nunca le impidió reconocer la destreza verbal y artística del autor examinado, cuya aportación consecuente y predeterminada por los supuestos dialécticos en el juzgamiento de las obras literarias. Su vocación suele ser siempre genuina y persistente en su solvencia narrativa que prevalece una energía creadora en libertad, sin dogmas ni censuras.

La mayoría de los textos de 10 Años de Literatura Puneña (1996-2006) pertenecen a esa madurez de Jorge Flórez-Áybar. Admirables muestras son sus “encuentros y desencuentros” con Mateo Jaika (autor al que admira mucho) y su “rectificación obligada” a la valoración que hace de Efraín Miranda Luján en Padre Sol. Mencionemos otros aportes relevantes de un material valioso en el conjunto: “Tiempo de Contar”, Christian Reynoso Torres, Fidel Mendoza Paredes, Adrián Cáceres Ortega, Edward Huamán Frisancho, Élard Serrato Dancuart, Waldo Vera, Vicente Achata, Jovin Valdez; son considerados en la narrativa puneña actual. En el conjunto de “Poetas de fin de Siglo”, Gloria Mendoza Borda, Alfredo Herrera, Luis Pacho, Pacha Willka, Serapio Salinas, Gabriel Apaza, Lolo Palza, Boris Espezúa, Jóspani, Francisco Pacoricona, Liliana Quinto, son consideraros en la poesía puneña actual. En fin, en el conjunto de La Novela Puneña de entre siglos: “Tradición y Modernidad”, Luis Gallegos Arreola, Mateo Jaika, Zelideth Chávez, Hugo Bonet, José Luis Ayala, Feliciano Padilla, Omar Herrera, Ángel Cáceres Calvo; son considerados en la novela puneña actual.

10 Años de Literatura Puneña (1996-2006) es un libro concebido con vuelo recreativo y una prolijidad que muestra la fisonomía más arriesgada de un autor que, aunque nunca escribe mal, no siempre se permite esta frescura. Hay algo de original y fulminante en este ensayo que confirma la explosión panorámica que asoma, con humildad a prueba de cronivelas, a los umbrales siempre distantes de la grandeza mundial.

UNA NUEVA REVISTA DE LITERATURA Y CULTURA EN PUNO “OASIS”

5 ago. 2009

a quien no ve la viga en su ojo

Escribe: Walter L. Bedregal Paz

Hace un par de días, luego de una invitación de la Alianza Francesa y un par de grupos literarios de Arequipa para un coloquio sobre poesía Sur peruana, a mi retorno a Juliaca estuve leyendo los comentarios que se están haciendo en torno a la antología «Aquí no falta nadie», texto de reciente publicación. Leía las apreciaciones de Ricardo Gonzáles Vigil, Ulises Juan Zevallos Aguilar, de poetas seleccionados y de algunos entendidos en cuestiones poéticas. Sin embargo, me sorprendió encontrar en el Diario Los Andes del 27 de julio, un comentario firmado por Feliciano Padilla. Luego de leer sus argumentos pueriles[1] sobre un anterior comentario mío publicado en el mismo Diario, quedé realmente sorprendido por la falta de formación literaria, académica y personal del mencionado docente.

Todo parece indicar que con este tipo de docentes en la UNA- Puno , evidentemente nunca podremos tener estudiantes que todos quisiéramos, es decir de calidad. Hay que tener en cuenta el enorme valor y vigencia de la interacción lector-escritor en el discurso escrito como base para el proceso de capacidades comunicativas, en sintonía con el carácter dialógico e interactivo del lenguaje escrito. Para lectores literales o denotativos como Padilla, se sugiere leer el método de análisis diseñado por Tirkkonen-Condit que propone el modo de organización textual «situación-problema-solución-evaluación» como columna vertebral de cualquier texto argumentativo. Hay fundamento teórico y empírico suficiente como para pensar que el uso que hacemos los hablantes del lenguaje es con el fin de alcanzar algún objetivo concreto y que, por tanto, cuando argumentamos, manipulamos los elementos lingüísticos a nuestro alcance para persuadir a nuestro oyente/lector. Más concretamente, hay autores que establecen un vínculo entre la organización temática, discursiva y esquemática del texto, es decir, la organización de los distintos argumentos a lo largo del texto, y las estrategias textuales que desarrollan los autores, entendidas éstas como variaciones conscientes del modelo de organización textual predominante en un texto con un fin determinado.

Argumentar es el arte de razonar a partir de opiniones generalmente aceptadas, siendo esta actividad un signo distintivo de los seres racionales. Al igual que en tiempos de Aristóteles y Cicerón, la argumentación oral o escrita, es todavía un tema de mucho interés para escritores, filósofos, estudiantes de lógica y retórica, antropólogos, sociólogos, psicólogos y lingüistas. En otras palabras, el investigador o los pretenciosillos que quieran analizar lingüísticamente algún texto, algún principiante en este rubro, Padilla puede ser un buen ejemplo, se le sugiere que aborde el estudio de la argumentación y que busque una definición de la misma en base a esquemas en donde pueda comenzar desde la retórica del discurso. Hay una gran variedad de respuestas y entidades discursivas, por ejemplo, desde la lógica, una argumentación es un tipo de razonamiento; desde la retórica, la argumentación comprende el conjunto de técnicas persuasivas que organizan el discurso persuasivo; desde la pragmadialéctica de Van Eemeren y Grootendorst, argumentar es un acto de escritura o habla/escritura complejos que se realizan al defender una o varias proposiciones (=argumentos o premisas) para apoyar o rechazar una o varias proposiciones diferentes (=conclusiones); desde la psicología social o cognitiva, la argumentación se basa en el intento de modificar la actitud del interlocuto, la vitalidad del constructo; etc.

Estudiosos de la retórica clásica volcaron sus esfuerzos en escribir libros que versaran en el arte de persuadir eficazmente, bien basándose en el ethos, pathos y logos aristotélicos, bien basándose en los cinco cánones romanos de la retórica desarrollados por Cicerón en su «De inventione»: inventio, dispositio, elocutio, memoria y pronuntiatio. En este punto, sería de aplaudir que el profesor Padilla revise dos líneas de estudio de la argumentación que han tenido una gran difusióna: la pragmadialéctica de Van Eemeren y Grootendorst y «la argumentatividad radical», de Ducrot y Anscombre.

Los siguientes 15 parágrafos, que en realidad son 44, pero este adelanto constituye una primera lectura como las claves para entender las limitaciones de Padilla, y también para notar mis puntos de vista con lo mencionado líneas arriba y finalmente engarzar con los dos párrafos finales:



I

Cualquiera que, haciendo violencia a su propia naturaleza, pretende cubrirse por apariencias de virtud y talento, no hace más que poner en evidencia sus múltiples defectos.

II

Todo indica que el respetado escritor Feliciano Padilla no ha entendido, tampoco podrá entender, que una antología no puede ni debe ser el libro en donde el autor se convierte en el vocero de sus amigos, de sus compañeros de trabajo. En el camarada de maestros y alumnos, aunque estos últimos, para Padilla, no existen en el mundo de la literatura, ya que serían una ridiculez completa.

III

A veces, para algunas personas, la senectud se convierte en un obstáculo de la perspicacia, pues otro punto que no está bien claro para Padilla, es que en el mundo literario, el compromiso intelectual de un escritor está con sus ideas y su escritura, y no con un club, una revista, una escuela o una camada de amigos de un bar de mala muerte.

IV

Lo que propuse con el artículo aludido por Padilla, «El carácter libérrimo de forjar antologías», era, y sigue siendo, el debate serio y no la repetición o el cacareo plumífero, que se sigue deteniendo en la cantidad de poetas seleccionados, sus lecturas del prólogo, ¿cuándo hablará de la poesía?, ¿cuándo podrá escribir algo del corpus poético?, ¿cuándo?

V

Quiero recordarle al «escritor y docente» Feliciano Padilla, que lo importante es ser «escritor y decente» y comenzar por no mentir: en mi antología no digo que Churata sea «doctrinero» y eso no es ninguna «idea descabellada», Churata es un maestro de verdad y debería ser un dios para Padilla. Pero él insiste en ofenderlo, ojalá, por su bien, los apus no le presten atención…

VI

Los argumentos «ad hominen» someten la discusión. Para qué tanta verborrea, si era más honesto y de hombres, además mucho más fácil, decir: «mis compadres zutanos y menganos, que además son narradores, no están en esta antología de poesía, y, por lo tanto, el libro de Bedregal no sirve». La mojigatería de Padilla ha llegado al límite de pretenderse analista de artículos, cuando él mismo, en su carta cometió 29 disparates y en su último comentario se pueden leer 67 errores, increíblemente de toda índole. Lástima que se publiquen comentarios tan deprimentes, tan carentes de imaginación, pues no tuvo ni siquiera ideas para esbozar un título a su grotesco desparpajo escriturario.

VII

Las limitaciones de Padilla, reconocidas por él mismo en su comentario, son sin duda imperdonables, por ejemplo: no sabe que con la lingüística no se hacen reflexiones de tal índole, porque simple y llanamente resulta que esta ciencia no sanciona usos. Si como Padilla quiere desconocer la metáfora en «forjar antologías», ¿desde cuándo los textos tienen tufillos?, ¿desde cuándo hay racismo barato?, ¿cómo es el racismo caro?, ¿desde cuándo hay escritores serranos?, ¿desde cuándo no existe la frase «abundancia de comprensión»? Esta última expresión podría ir con su condición de lector denotativo, pues a leguas podemos comprobar que se ha quedado en el nivel literal[2] de comprensión lectora.

VIII

Si uno conoce al autor, Padilla en este caso, que no descuella por sus dotes intelectuales y morales, sabría que no podía esperarse otra cosa de él, sino simple palabrería, y encima, mal utilizada.

IX

Quiero recordarle a Padilla y a quienes compartan sus arcaicas ideas, que me reafirmo plenamente en el título de mi antología, en el prólogo, en los poetas seleccionados, aunque algunos que él ha llamado «serranos» no merezcan estar en este libro, y esa justamente es la prueba más grande de la autenticidad de la antología.

X

Aunque a mí no me gusta recomendar, a veces hay que hacer excepciones, por amor al prójimo, por eso quiero recomendarle al profesor Padilla, que lea la última edición del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española , estoy seguro que le servirá de mucho y, por supuesto, por si puede completar la faena, a ese esfuerzo puede aumentarle un cursito de comprensión lectora con los niveles básico, intermedio y, si llega al avanzado, yo podría darle alguna dirección, aquí en Juliaca hay buenos docentes. Y si quiere entrar al debate literario, para terminar este parágrafo, el domingo 27 de julio, en el diario Los Andes, José Luis Ramos Salinas escribió un verdadero comentario, hay que aprender de esa capacidad de análisis y discurso, profesor Padilla.

XI

Los buenos escritores no son aquellos que viajan a encuentros de escritores a Cuba, o a cualquier otro país, sino, los buenos escritores son aquellos que escriben apropiadamente, inclusive dentro de una choza construida en la punta del cerro más lejano. Al maestro Padilla, por ejemplo, de nada le ha servido pretenderse lector de tantos años y ejercer el doble de años la labor académica en una Universidad del Estado. Un verdadero escritor nunca ofrece sus libros para obtener lectores, el libro gana lectores por sí solo. Sino, como ejemplo cercano, que vea el caso de mi antología. Debería emplear el tiempo en leer[3], en vez de viajar.

XII

El mundo que habitamos es más amplio, no se limita a un poder transferido o a la edad de la canicie, profesor Padilla. El único poder que sobrepasa los grupos y la turbiedad de las acciones es el poder de la creación, de la autenticidad, precisamente el poder que le fue negado.

XIII

Seguramente, Feliciano Padilla, estará satisfecho creyendo haber llegado a la altura de Barthes, Dérrida, Beaugrande o el mismísimo Teun Van Dijk. Ha pintado una «estupenda» aura con grises de colores... Pero cuidado, ¡qué mala suerte!, ¡viene la lluvia!

XIV

Las invectivas se repiten. La ausencia de debate y de inteligencia ya comienza a enmohecerse, precisamente por la repetición de las acusaciones y los lamentos. Antes de seguir perdiendo el tiempo con bagatelas como las de Padilla, prefiero continuar con el trabajo de la próxima antología de narrativa puneña que ya está en pre-prensa.

XV

No se piense que con estas líneas sea enemigo de Padilla, de ningún modo, por el contrario, lo estimo y lo felicito por ser un intelectual preocupado y haber seguido fielmente mis comentarios, por haber sido un atento seguidor de mis publicaciones. Pero un apunte final, que en la siguiente ocasión no cometa errores ni funja de eximio redactor, tampoco le voy a permitir que se siga colgando de mi libro para buscar nombradía, que busque fama o gloria con su propio esfuerzo, con sus propios libros. Yo, como muchos otros, sé perfectamente lo que decía Montaigne: «Todo hombre lleva en sí el peso de la humana condición». Pero hay que hacer un esfuerzo, y con mayor razón si se es profesor o narrador.


Finalmente, por si no lo sabe el profesor Padilla, la argumentación es una actividad que tiene como objetivo enfrentar y, si se puede, resolver una diferencia de opinión, explorando la justificación de puntos de vista opuestos. Así, la estructura de una argumentación va tomando forma adaptándose a las (posibles) dudas, objeciones y tesis opuestas que se le formulen. De lo anterior se deduce que Van Eemeren y Grootendorst se aproximan al estudio de la argumentación como un proceso, no como un producto, al contrario que los enfoques lógicos o el modelo de Toulmin. En este entender, las suficiencias lingüísticas abarcarán otros espacios que tendrán que ver con las micro-creencias, es decir, aquellas que se realizan lingüísticamente a partir de oraciones simples, pueden ser favorables, neutras o desfavorables con respecto al asunto del que se hable y además, el hablante puede estar en acuerdo o en desacuerdo con cada una de ellas. Zammuner también habla de macro-creencias, que aproximadamente se corresponden con la oración compuesta, y analiza las relaciones semánticas que se dan entre dichas macro-creencias en el discurso argumentativo.

Las macro-estrategias semánticas, que ya habían sido estudiadas previamente por Zammuner, son: a) Explicar, b) Elaborar o expandir, c) Ejemplificar, d) Apoyar un argumento, e) Introducir una discontinuidad semántica, es decir, contraponer creencias opuestas, y f) Derivar una conclusión.

¿Alguna vez podrá Padilla realizar un trabajo serio? ¿Algún día sucederá eso en Puno, si volviendo la cara a la realidad, contamos, por ejemplo con intelectuales como el docente mencionado?

[1] Lo que le compete a un docente, según las pretensiones de Padilla, es hacer un trabajo hermenéutico del texto. Por ejemplo realizar abstracciones y aplicar un modelo de análisis semiótico (Greimas), abstraer y aplicar un modelo de análisis hermenéutico (Ricoeur), abstraer y aplicar un modelo de análisis deconstructivista (Derrida) o, en todo caso, abstraer y aplicar un modelo de análisis textual a partir de la obra de Roland Barthes.

[2] En el proceso de comprensión lectora se realizan diferentes operaciones que, de acuerdo a la capacidad de comprensión, pueden clasificarse en cinco niveles básicos que surgen a partir de una propuesta de Bloom, pero que algunos estudiosos han querido complementar del siguiente modo: 1) Comprensión literal, donde se recupera la información explícitamente planteada en el texto y se la reorganiza mediante clasificaciones, resúmenes y síntesis; 2) Comprensión inferencial, que permite, utilizando los datos explicitados en el texto, más las experiencias personales y la intuición, realizar conjeturas, supuestos o hipótesis, pero siempre en base a lo leído; 3) Comprensión crítica-analítica, mediante la cual se emiten juicios valorativos; 4) Comprensión apreciativa, que representa la respuesta emocional o estética a lo leído, se considera el texto y el autor. 5) Comprensión creadora, que incluye todas las creaciones personales o grupales a partir de la lectura del texto. Es decir, el lector es capaz de crear en base a lo leído.

[3] En cuanto al modo correcto de emplear el tiempo, Padilla podría conseguirse textos como «El grado cero de la escritura», «Sade, Fourier, Loyola», «Barthes por Barthes», «Lo obvio y lo obtuso» y «S/Z» de Roland Barthes. También a Ducrot y su «Polifonía y argumentación», a Escandell y su texto básico titulado «Introducción a la pragmática», una lectura de Hoey y su «Interacción textual», le hará bien leer a Perelman y su reciente texto «La nueva retórica», será un buen duchazo, también al leer ese libro se verá obligado a leer el «Tratado de la argumentación» del mismo autor, bueno, tal vez leer mucho le cause daño, por eso pongo este etc. Creo, sinceramente que serían lecturas clave y, después quizá podría escribir algo serio, esto lo digo viendo sus limitaciones. Al final, estoy seguro me agradecerá, ya que esas son lecturas obligadas y de formación.

4 ago. 2009

NUEVO LIBRO SOBRE LA HISTORIA DE HUANCANÉ

Por: Fernando Chuquipiunta Machaca

Se halla en circulación el novísimo libro: "Huancané, ensayo monográfico II”, que contiene valiosos aportes y se convierte en libro imprescindible que no solo recrea todas las exigencias de las ciencias sociales modernas; sino más por el contrario, nos permite avizorar otros trabajos seguramente más maduros, en la medida que el autor va trabajando los nuevos hallazgos históricos del altiplano puneño. El reconocido historiador huancaneño Felipe Sánchez Huanca, que en 280 páginas expone novedosos temas; así tenemos a la historia de un pueblo en busca de un destino inigualable, que empieza a ser estudiado y analizado para cimentar una memoria social, futura y coherente.

El historiador Felipe Sánchez Huanca trae consigo un meticuloso estudio que explica el pasado, analiza el presente y nada de lo que se haga en el futuro, puede prescindir de la memoria colectiva. Los restos arqueológicos que tiene esta hermosa provincia, son de singular importancia, las famosas ciclópeas de Kalacumo del distrito de Cojata, en cuyo cerro existen vestigios enigmáticos de la cultura pre-incaica, pequeñas chullpas, graderíos, circunferencias construidas a base de piedra, elementos arquitectónicos de la antigüedad; y no solamente se trata de averiguar la trascendencia histórica de nuestro medio andino, sino que se han desempolvado fuentes documentales para explicar nuestra identidad cultural frente a otras culturas ancestrales que nos brinda irradiación a nuestro pueblo de origen Aymara, como los Lupacas y los Quechuas que son los Antucollas.

De la misma manera, el libro ofrece información completa sobre lo que fueron los personajes representantes de la provincia de Huancané y sobre los avatares de Mariano Larico Yujra, quien buscó una educación digna, defendiendo los sagrados intereses de la raza indígena, también participó activamente en la Sublevación campesina de 1923 en Wancho-Lima. El libro del historiador Felipe Sánchez Huanca, viene a ser no solo un libro esperado sino, además, es la primera piedra angular sobre la que erigirá las sucesivas maneras de ver a un pueblo desde adentro, cuya historia recién empieza a ser interpretado.

Como decía Alberto Flores Galindo en uno de sus libros: “La historia se alimenta con la mitología, la cosmogonía, la magia, la música, la costumbre y la jaqisofía, es decir, con una actitud filosófica del ser humano frente al cosmos, la vida y la muerte”. Dicho de otro modo, este encomiable libro: “Huancané, ensayo monográfico II” del talentoso escritor Felipe Sánchez Huanca es una guía aleatoria que, servirá para la edificación de una futura sociedad justa, libre, democrática, sin miseria, sin violencia social ni menos niños mendigos en las calles.
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