14 abr. 2010

Nueva publicación en Cascahuesos Editores: CORTOMETRAJE de Yuri Vásquez, Premio Copé de Cuento 1994

Nota de prensa de Cascahuesos Editores

Nos complacemos en informarles que, tras un paciente seguimiento, hemos conseguido extraer de la prolífica obra inédita del escritor arequipeño Yuri Vásquez el primer volumen de cuentos Cortometraje, el mismo que será lanzado al mercado en las siguientes semanas con el propósito de ponerlo en consideración del gran público lector.
Yuri Vásquez nació en Arequipa en 1963. Es abogado de profesión y se desempeña como abogado liberal e independiente, así como asesor legal en la esfera de la Empresa privada. Tiene, además, estudios de Maestría en la especialidad de Derecho Penal. Es uno de los más importantes animadores de la narrativa arequipeña de los 90, destacándose por su gran proyección literaria al haber obtenido el primer lugar en la Bienal de Cuento del premio COPÉ de 1994 con el cuento “Cuando las últimas luces se hayan apagado”, y haber sido recientemente finalista en la II Bienal de Novela «Premio COPÉ Internacional 2009» con su libro El niño de la tempestad. También ha obtenido el Primer lugar en el III Concurso Nacional de Cuento con “La vida detrás de un Biombo” (1993), y el Tercer lugar en el IV Concurso Nacional de Cuento con “Blues en la noche” (1994), ambos organizados por la Municipalidad Distrital de Paucarpata en Arequipa.
Cuenta con una abundante obra inédita, conformada por los libros de cuentos Los imaginados, Témpanos y Kamikazes y las novelas Subterráneos, Los últimos dioses del opio, Abel y la mujer desnuda, y La inmensidad, la misma que se encuentra en pleno proceso de preparación. Ha recibido palabras elogiosas en estudios críticos de la nueva narrativa peruana por parte del prestigioso crítico literario Ricardo González Vigil. Y no obstante, su renuente actitud a publicar, debido al apoyo y por recomendación de los pocos que conocen su obra, todos estos libros se publicarán próximamente.
«YURI VÁSQUEZ es la clase de escritor que no se conforma con la frase cumplidora. Por alguna razón, está condenado a buscar la expresión plena, aquella que no se resume en la oración ni en el párrafo ni en el texto mismo, pues se trata de una búsqueda más ilusoria que fáctica y, por su intrincado derrotero, destila más contrariedad que satisfacción. […] La violencia, el sexo y el poder, que en el fondo tienen la misma materia viscosa en Cortometraje, cobran particulares brillos en cada uno de los catorce cuentos, obligando a que el carácter realista, insólito, fantástico o metaficcional de uno u otro pase a un rotundo segundo plano. Quienes esperábamos este libro no nos queda sino celebrar su aparición», ha dicho, entre otras cosas, JOSÉ DONAYRE HOEFKEN, respecto a este primer texto.

Cortometraje será presentado en las próximas semanas: el día 25 en la ciudad de Lima y el 30 en Arequipa.

"Aquí se debe exhibir la pluma de José Asunción Silva... y la botella de todos!". ESCRITORES Y ALCOHOLES. Por José Luis Díaz-Granados

Por José Luis Díaz-Granados


Parece que al fin los biógrafos de Shakespeare han terminado por ponerse de acuerdo en que el poeta murió a causa de una intoxicación etílica a la temprana edad de 51 años. Aquel 23 de abril de 1616 —por coincidencia, el mismo día, mes y año en que moría Cervantes—, los vecinos comentaban que durante la noche anterior el autor de Romeo y Julieta "había bebido demasiado vino".
El que un autor literario haya sido de manera predominante consumidor de vegetales, de café o de drogas heroicas puede constituir algo sencillamente anecdótico: Balzac bebía 50 tazas de café negro al día (o mejor, durante la madrugada) y sólo así se sentía estimulado para escribir. George Bernard Shaw sólo comía vegetales sin haber probado jamás la carne ni el alcohol. Y la mayoría de los novelistas del movimiento "beatnik" probaron la marihuana, la cocaína y el LSD. Pero que un escritor sea (o haya sido) un dipsómano impenitente parece ser casi un ritual paralelo al de su amor por las palabras.
No existe una razón lógica para creerlo. Incluso alcohólicos tan reconocidos como Hemingway, Karen Blixen o John Steinbeck aconsejaban no escribir jamás bajo los efectos etílicos. Sin embargo, no son pocos los textos y los libros en los que especialistas han intentado hallarle una explicación racional a esta extraña relación entre la creación literaria y la adicción al alcohol.
Precisamente Hemingway —quien en La Habana hizo famosos los eslogan: "Mi mojito en La Bodeguita; mi daiquiri en El Floridita"—, podía beber en un sólo día buenos tragos de vodka, ron y vino, al tiempo que ponderaba las "virtudes medicinales de la ginebra".
Un día, escribiendo en un café de París sintió sed. "Pedí un ron Saint James —recordó en sus memorias—. Con aquel frío me supo a gloria, y seguí escribiendo, sintiéndome muy bien y sintiendo que el buen ron de la Martinica me calentaba el cuerpo y el espíritu".
William Faulkner —quien al igual que el noruego Knut Hamsum recibió el Premio Nobel de manos del rey de Suecia en lamentable estado de embriaguez—, afirmaba que para escribir sólo se necesitaba un sitio acogedor, una mesa con una resma de papel, lápices y una botella de whisky. "¿Bourbon?, le preguntó el periodista refiriéndose al ron ordinario de Nueva Orleáns. No, respondió el novelista, no soy tan melindroso".
Las borracheras de James Joyce eran tan famosas en su exilio continental que no hay cronista de la "Generación Perdida" que no las registre. Su pobre mujer, Nora Barnacle, lidiaba con paciencia aquellas rascas de vino electrizante de Trieste, o del "Fendant de Sion" de Zurich, que según Joyce sabía a "mineral metálico". Según José María Valverde, "el alcohol y las reiteradas infecciones dentarias comenzaron a dañar los ojos de Joyce".
Zelda, la conflictiva mujer de Francis Scott Fitzgerald, sentía celos de la literatura. Apenas el autor de El Gran Gatsby se sentaba a escribir algunos párrafos de su nueva novela, ella lo arrastraba a una nueva borrachera hasta que él perdía el conocimiento luego de pelear y hacer las paces. Al otro día, trataba de curar la resaca sudando alcohol en largas caminatas con Hemingway para luego volver a intentar nuevos párrafos frente a su máquina.
Beodo hasta el "Delirium tremens" fue el desdichado y fascinante Edgar Alan Poe, al igual que Paul Verlaine, borracho feroz que casi mata con arma de fuego a su madre viuda, a su esposa y a su luciferino compañero Arthur Rimbaud. Pero el colmo del descaro lo llevó a cabo Truman Capote, el impecable narrador de A sangre fría, cuando ante 75 millones de televidentes declaró tartamudeando por la embriaguez: "soy marica, borracho y chismoso. Pero soy un genio".
El genial poeta galés Dylan Thomas, después de haber asombrado al mundo literario anglosajón con su Retrato del artista cachorro, realizó cuatro giras triunfales por los Estados Unidos, al término de las cuales murió luego de haber ingerido alcohol sin parar durante un mes. Tenía 39 años.
Un novelista olvidado, Halldor Kiljan Laxness, autor de Las campanas de Islandia, respondió a la pregunta de los reporteros acerca de lo que pensaba hacer con la fortuna obtenida con el Premio Nobel de Literatura en 1955: "Me la voy a beber". Lo que sin duda hizo, al igual que sus antecesores en el galardón: Sir Winston Churchill, dipsómano archiconocido, los ya citados Faulkner y Hemingway, el existencialista sueco Pär Lagerkvist y el controvertido André Gide.
El poeta colombiano León de Greiff, célebre por su cotidiana tertulia literaria del Café "Automático" de Bogotá, con Jorge Zalamea, Arturo Camacho Ramírez, Juan Lozano y Lozano, Jorge Artel y Luis Vidales, entre otros, celebró en sus versos las delicias extrañas del kirsh, el korn, el vodka, el aguardiente, el cogñac, la chicha y el mezcal. Pero también decía: "Bebamos en las cráteras de oro / que modeló el cincel benvenutino, / champán bullente y bullicioso vino".
Y no son pocos los poemas de De Greiff y de muchos otros poetas en los cuales se evoca al gran idólatra del vino Omar Khayyam, quien a su vez exaltó los dones y frutos de la bebida como símbolos de alegría vital y de optimismo.
En fin, la lista de los escritores-dipsómanos sería interminable y agotadora —Rulfo bebiendo pulque en las tiendas del D.F.; Miguel Ángel Asturias rescatado del guaro por una bella argentina; Onetti repleto de whisky mientras garrapateaba noticias en una agencia de prensa, "y el indio Darío borracho"—, pero haría válida la afirmación del poeta Juan Manuel Roca cuando se estaba proyectando la Casa de Poesía Silva en Bogotá:
—Aquí se debe exhibir la pluma de José Asunción Silva, la estilográfica de Guillermo Valencia, la pipa de León de Greiff, la máquina de escribir de Aurelio Arturo, el cacho de marihuana de Barba-Jacob y la botella de todos!

José Luis Díaz-Granados (Santa Marta - Colombia 1946), poeta, novelista y periodista cultural. Su novela Las puertas del infierno (1985), fue finalista del Premio Rómulo Gallegos. Su poesía se halla reunida en un volumen titulado La fiesta perpetua. Obra poética, 1962-2002 (2003).

Bryce Echenique: Soy un bohemio con agenda...siempre fui alabado por mi disciplina


Hace poco ha salido al mercado, Alfredo Bryce Echenique. Una vida de novela, en la que se rinde homenaje al autor de No me esperes en abril, quien afirma que la disciplina es el rasgo que ha marcado su carrera.

Llama la atención que en su lista de películas favoritas, donde incluye varias de Orson Welles, pone como opción de reemplazo a Los magníficos Amberson, siendo de las cintas de este director la más cercana a su temática.
–Sí. Pero lo que pasa es que esa película no le gustaba ni a Orson Welles. Es una cinta que me encanta, me conmueve, y es probablemente la que se acerca más a mi universo. Pero es un filme en el engañan a Welles, porque no la terminó él. Se nota cuando su mano mágica desaparece.
Siguiendo con el cine, ¿qué obra suya le hubiera gustado filmen?
–La que estuvo más cerca de ser filmada fue La vida exagerada de Martín Romaña, y yo me oponía, me oponía y me oponía. Tomás Gutiérrez Alea, el genial cineasta cubano, era el interesado. Pero hubo un malentendido. Yo creía que él quería que actuara en la película. Yo le dije “ya ha sido bien jodido escribir sobre Martín Romaña como para que me pidas ahora meterme en su pellejo, déjame salir”. Después volvería a hablar con él y me explicaría que lo que quería era que un actor conviviera conmigo por unos meses. Así hizo para Fresa y chocolate, en la que el protagonista vivió con un gay para que entre en ese universo. Se han llevado cuentos míos al cine. También se adaptó Un mundo para Julius en 52 capítulos para una miniserie colombiana. Son 52 desastres.
¿No le gustó a usted?
–No. Me di cuenta que esa película no se puede filmar. Después ha habido una productora peruana que ha tratado, pero es incapaz de hacerlo. Me di cuenta porque no sabía ni quién era Buñuel. Sigue insistiendo, pero ya no le hago caso. Además, no cumplió con los plazos y el contrato caducó. Es una novela muy difícil de filmar. Requeriría de un gran genio, y ninguno se ha interesado en la película.
Usted contaba que su próxima novela la tiene proyectada desde Un mundo para Julius.
–En efecto. En esa época no me sentía capaz de escribirla. Acabado Un mundo para Julius, ya que dicen que eso era mi vida y así eran mis padres, deseé hacer otra cosa. Si se quiere, se puede decir que es lo contrario de Un mundo para Julius, pero es tantas cosas. He leído historia del Perú, historia económica, novelas sobre la decadencia. En el caso del Perú hay un libro importante, La oligarquía peruana: historia de tres familias de Dennis Gilbert. En él se ve que las fortunas no duran más que tres generaciones: el que la hace, el que la consolida y el que la despilfarra. Mi novela es una historia similar. Una familia que se hace con la minería, se consolida con la banca, y termina probablemente –la tengo inacabada – con la Reforma Agraria.
Usted siempre ha señalado que se prepara bastante para escribir cada libro. Sin embargo, tiene una imagen de vida disipada.
–Sí, pues. Como decía Orson Welles, la única forma de ganar la paz es hacerse una mala reputación. Yo para este libro habré leído más de doscientos, y no te exagero. Los seres humanos somos contradictorios. El que mejor me describió fue un amigo que me dijo que yo era un bohemio con agenda. Siempre fui alabado por mi disciplina.
¿Qué le causa que su nombre se asocie en los últimos tiempos al escándalo de las acusaciones de plagio?
–Cada vez que vengo a Lima, me lo sacan de nuevo. Justamente, en una de las cartas del libro Vargas Llosa cuenta sobre cuando lo acusan de trata de blancas. Por lo menos, lo mío es suave. En algunos casos, yo vi muy claramente el odio de algunos periodistas y que algún día se iba a concretar en algo. Hace poco me entrevistaron y me acusaban de haber plagiado un título, ¿Arde París?, de mi amigo Fernando Carvallo. Es ignorancia pura. El señor no sabe que es el nombre de una película francesa de los años 60 y se usó mucho en mayo del 68. Les demuestras su error y no quieren aceptar. Vienen a matar. Es el comité de recepción. Cada vez volverá el tema con menor fuerza hasta que se acostumbrarán. A mí no me van a malograr mi estadía en Lima. Estoy feliz, recién casado, viendo a mis amigos día a otro.
DATOS

- Dándole pena a la tristeza, título de su próximo libro, es una frase de su nana que


se le quedó grabada.
- El libro Alfredo Bryce Echenique. Una vida de novela. cuenta con fotos inéditas, cartas y textos de autores como Mario Vargas Llosa, Almudena Grandes y Enrique Vila-Matas.

Leoncio Mamani Coaquira, ejemplo a seguir

Sociólogo, historiador y docente universitario Leoncio Mamani Coaquira publicó en el año de 1998, “El sirvinakuy en el mundo aimara” (Fondo Editorial Horizonte de Lima). En este libro se da cuenta de la importancia que han desempeñado las mentalidades sociales en la formación de una cultura popular en los últimos años. Precisamente, dialogamos con él, también director de la revista cultural “Paladín Chirihuano”, acerca del particular análisis que ofrecen las diversas manifestaciones socio-culturales del profundo Perú contemporáneo.

A GUISA DE SEMBLANZA:
De esta manera, el celebrado historiador huancaneño Leoncio Mamani Coaquira conserva de un gran reconocimiento de carácter ciudadano, transparente y honesto como se merece todo artista popular del mundo andino. Asimismo, en su vasto conocimiento fidedigno, Puno es mágico, maravilloso y trascendental, canta a la vida y a la esperanza. Y nada le detiene en el camino, sino más bien, batalla contra toda las adversidades simultaneas, en el que genera una interacción humana, destinada a preservar la cultura viva del ande y la memoria social ante un gobierno sórdido e insensible. Todo es un acto de magia y fe en la palabra impresa, sólo así es posible afirmar que, en gran parte, las expresiones más genuinas de la historia contemporánea están en las revistas, como “Paladín Chirhuano”.
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