7 ago. 2011

Emilio Adolfo Westphalen también cumple 100

Por Abelardo Oquendo

S egún se sabe, en más de una oportunidad José María Arguedas le pidió la revisión de sus manuscritos a Emilio Adolfo Westphalen, y hay un conjunto de poemas de Westphalen –“El niño y el río”- inspirado en Arguedas y compuesto en su homenaje. La suya fue una honda amistad. Ambos nacieron en 1911 –también estamos, pues, en el centenario de Westphalen- y se cuentan entre los más altos valores de las letras peruanas.
Pero ninguna semejanza es perceptible entre ambos, salvo la excelencia y la ejemplaridad de sus obras. Esto último, tan evidente para quien sepa leer, solo parece haber sido tomado en cuenta en el año de sus centenarios por tres entidades: la PUCP, que inicia mañana un coloquio internacional en conmemoración de Westphalen y ha montado en su centro cultural una muestra en torno de la vida y la obra del poeta; la UNMSM; y la Academia Peruana de la Lengua, que organizaron juntas una serie de conferencias sobre EAW la semana pasada.
Tales iniciativas han puesto a la vista la omisión de otras instituciones no menos llamadas a contribuir al brillo del centenario de un poeta excepcional. Entre ellas la Universidad Nacional de Ingeniería, que viene dilatando hasta la incertidumbre la anunciada edición facsimilar de Amaru, la gran revista de cultura que Westphalen creó y dirigió en su claustro entre 1967 y 1971.

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